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jueves, 11 de diciembre de 2008

Título de un libro de poemas

Noche vieja, fin de siglo. 1999, 200 x 300 cm. Ángel Mateo Charris.
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Ocho. Son Ocho. Ocho islas. Ni siete ni nueve. Ocho. Y un invierno. Ni una primavera, ni un verano, ni un otoño. Un invierno.

Ocho islas y un invierno. Ese es el título del nuevo libro de poemas de Marta Navarro García. Sí, Ocho islas y un invierno. Un título que sugiere muchas cosas. Y, aunque aún no he leído el libro, pues acaba de ser publicado hace muy poco tiempo, intentaré acercarme a su título. Título que, sin duda, sugiere muchas cosas. Sí, emergen de las profundidades de este título claras sugerencias insulares. Pero cuando a uno, que no vive en una isla, le da por pensar en una isla, suelen venírsele a la cabeza imágenes de sol y playa, de chiringuitos y sombrillas. Y en este título no hay ni sol ni playa ni chiringuitos ni sombrillas, hay Un invierno. Sí, Ocho islas y un invierno. Y es que, aunque muchos lo desconozcan, a las islas, como a cualquier otra parte, también llegan los inviernos. Y al llegar, a veces, cuando se dan los factores meteorológicos propicios, llega también la nieve. La nieve llega. Llega la nieve. Blanquecina, blancuzca, a menudo de aspecto nacarado. Como el título de este libro de Marta Navarro García, que se me antoja un título blanquecino, blancuzco, de aspecto nacarado. De destellos nacarados diría yo. Sí. Ocho islas y un invierno es un título que irradia multitud de destellos, destellos de alborada insular mezclados con destellos de bruma invernal. Destellos, en definitiva, blanquecinos, blancuzcos, de un aspecto que bien podría ser definido como nacarado pero, si me apuran, lo definiría, además, como un título de un insólito fulgor nebuloso.









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Siga los copos de nieve



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SOSPECHAS





Para Marisancho Menjón





Las cicatrices del agua



nos miran.



Sospechas que somos culpables



de todas sus heridas.





LA NOCHE





He llegado al embarcadero de la noche,



desnuda y con hambre de luz.



Ya nada podrá detenerme.





“IL VUOTO”





Para Franco Battiato





Soy el abismo que huye a tierra firme,



una isla perdida en busca de océanos y náufragos,



el tiempo que se observa en las heridas de un reloj.



Me transformo,



me disuelvo, soy tigre, soy agua, soy el vacío.





EL DIARIO DE LARA





Para Asia, África y Ginebra





Con la noche a cuestas,



Lara y yo pensamos



en los oscuros días



que gastarán los calendarios.



Repletos de leyes taradas



y de sociedades puras



que muestran sin pudor



sus vómitos con pedigrí.



Una vez más Oriente



con su alambre fiel



sigue mordiéndonos



las pupilas.





Octavo día:



Seguimos caminando



con la noche a cuestas.





Ocho islas y un invierno. Marta Navarro García. Ediciones del Desembarco. Sevilla, 2008. 54 páginas. El libro se presenta hoy, 11 de diciembre, en la librería Los Portadores de Sueños (Zaragoza), con la presencia de la autora, de José Antonio Labordeta, de Luisa Miñana y de Francisco Aranguren.





ochoislasyuninvierno.wordpress.com


entrenomadas.wordpress.com

jueves, 4 de diciembre de 2008

La cama del protagonista

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Pintura de Ángel Mateo Charris, La vara roja, 2003, óleo sobre lienzo, 50 x 61 cm
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Cuento de mi libro El triste Festín (2002):

LA CAMA DEL PROTAGONISTA

La nieve no cae de manera abundante. Esto no sería importante si no fuese porque el protagonista de esta historia se encuentra tendido en el suelo, inconsciente. Está tendido en un descampado. La nieve no cae de manera abundante pero, poco a poco, va cubriendo el cuerpo del protagonista de esta historia. Lo va cubriendo hasta adquirir la apariencia de una estatua derribada, una estatua de mármol. No sabemos como ha perdido el conocimiento el protagonista de esta historia, tan sólo sabemos que la nieve, que no cae de manera abundante, ha cubierto ya la totalidad de su cuerpo. Entonces tose. Tose una y otra vez y recobra el conocimiento. Al despertar, tampoco el protagonista de esta historia sabe como ha llegado a perder la consciencia ni como ha ido a parar a ese descampado. Se levanta y, tiritando, se sacude la nieve de su ropa. Por no saber no sabe ni su nombre, ha olvidado como se llama o donde vive. Mira a su alrededor. Al otro lado del descampado hay una masía. Se dirige hacia allí. Cuando llega a la masía se fija en que las contraventanas están cerradas de par en par. Llama a la puerta y nadie contesta. Entonces el protagonista de esta historia decide forzar la puerta para guarecerse y llevarse algo a la boca. Cuando consigue acceder al interior de la masía, lo primero que hace es buscar la cocina. Una vez allí, encuentra en un armario un paquete de galletas y varias latas. Come hasta saciar su hambre. Después, sube las escaleras y, en la primera planta, en el pasillo, en un viejo armario, encuentra ropa. Se desnuda y se viste con un pantalón, una camisa y una chaqueta de lana que le quedan como un guante. Entra en una habitación y se mira a un espejo que hay en la pared. Piensa entonces que no recuerda su propio rostro. Para el protagonista de esta historia es el rostro de un desconocido. Se tumba entonces en una cama de matrimonio y, al girar la cabeza hacia la mesilla de noche, observa una fotografía. Una fotografía en la que aparecen un hombre y una mujer. El hombre de la foto es el protagonista de esta historia. Se reconoce tras haberse visto en el espejo y, algo aturdido, se fija en una nota que hay junto a la fotografía. La lee despacio: Cariño, no volveré. No intentes buscarme, no servirá de nada.

Indiferente, tras leer lo que a él le parece una nota absurda, se arropa, se acurruca y se dispone, desmemoriado, a echarse un sueñecito en la que, ya en plena duermevela, supone que es la cama de su dormitorio, la cama del dormitorio del protagonista de esta historia.

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Ángel Mateo Charris: El país de la nieve, 2003, óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm

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