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jueves, 19 de noviembre de 2009

¿DEBERÍA UNO HALLAR RESPUESTAS?

The old typewriter (1999)
Pintura de Avigdor Arikha
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¿Debería uno escribir como si fuese otro? ¿Debería uno tomar cierta distancia, poder leer lo que ha escrito como si hubiese sido escrito por ese otro? ¿Debería uno escribir frente a un espejo? ¿Debería uno escribir al revés y releer lo que ha escrito reflejado en ese espejo? ¿Debería uno escribir sin pensar en lo que escribe? ¿Debería uno pensar sin escribir lo que piensa? ¿Debería uno escribir como si la vida le fuese en ello? ¿Debería uno escribir como si eso que escribe fuese lo último que vaya a escribir en su vida? ¿Debería uno dejar de escribir si lo que escribe no está escrito como si fuese lo último que vaya a escribir en su vida? ¿Debería uno escribir infringiendo la ley? ¿Debería uno escribir aunque lo que escriba no vaya a ser leído por nadie? ¿Debería uno escribir sentado en la terraza de un café? ¿Debería uno escribir en el metro? ¿Debería uno escribir mientras viaja en avión? ¿Debería uno escribir recostado en un sofá? ¿Debería uno escribir olvidando su nombre, su cuerpo, sus manos, sus dedos y hasta sus uñas? ¿Debería uno escribir con el método Stanislavsky? ¿Debería uno escribir desnudo? ¿Debería uno escribir haciendo el pino? ¿Debería uno escribir rodeado de libros? ¿Debería uno escribir como si escribiese su testamento? ¿Debería uno escribir como quien escribe la lista de la compra? ¿Debería uno escribir como un asesino en serie? ¿Debería uno escribir expulsando demonios y culebras? ¿Debería uno escribir irradiando un sin fin de arco iris alucinados? ¿Debería uno escribir en el suelo? ¿Debería uno escribir contra algo? ¿Debería uno escribir a favor de algo? ¿Debería uno escribir por escribir, sin esperar terminar lo que escribe? ¿Debería uno escribir con dolor de cabeza o dolor de muelas? ¿Debería uno escribir placidamente, cuando no siente en su cuerpo ni el menor atisbo de dolor? ¿Debería uno escribir con la mente en blanco y la luz apagada para que así el blanquecino candor de su mente termine por iluminar hasta el último resquicio de la estancia en la que permanece escribiendo?

¿Debería uno preguntarse para qué tanta pregunta?

¿Debería uno preguntarse por qué escribe?

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Otra pintura de Avigdor Arikha
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Una vez más, una pintura del gran Avigdor Arikha

miércoles, 18 de noviembre de 2009

NUNCA FUI QUIEN DIGO SER

Pintura de
Avigdor Arikha (1929, Rumanía)
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Hace ya tiempo que sé, o intuyo, que en realidad nunca fui quien digo ser.

Hace ya tiempo que descubrí que en realidad ni siquiera sé quien soy, y tampoco me preocupa. No lo sé sobre todo cuando me miro con fijeza en el espejo y me pregunto, amedrentándome incluso, pero tú quién coño eres. Pregunta para la que nunca soy capaz de obtener una respuesta convincente, pues mi mirada, en el espejo, esa mirada escrutadora que me reta a cada pestañeo, me hace saber, o intuir, que en realidad nunca fui quien digo ser. Y cuando me doy media vuelta, cuando le doy la espalda al espejo, siempre me asalta la sensación de que mi reflejo se queda allí, sin moverse, observándome mientras desaparezco de su campo de visión. Así que, de manera vertiginosa, giro sobre mi mismo como si fuese Michael Jackson y clavo de nuevo mi mirada en el espejo, reafirmándome en el pavoroso hecho de que mi reflejo no se ha desplazado ni un solo y cochino milímetro de donde lo había dejado. Pero, aunque hace ya tiempo que sé, o intuyo, que en realidad nunca fui quien digo ser, me cuesta mucho aceptarlo. Sí, me cuesta admitir que nunca fui quien digo ser, sobre todo porque me he acostumbrado a mi nombre, a mi trabajo, a la ciudad en la que vivo y a todos aquellos detalles que han terminado por garantizar, ahora intuyo que de manera errática, que yo soy quien digo ser.

Últimamente, en el instante en que doy media vuelta, cuando el espejo queda a mi espalda, creo intuir que mi reflejo me guiña un ojo y, de vez en cuando, me saca la lengua con recochineo. Tan sólo espero que nunca salga de allí, que jamás logre abandonar esa tabla de cristal que todo lo suplanta, que mi reflejo no adivine que yo sé, o intuyo, que en realidad nunca fui quien digo ser.

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Pintura de Avigdor Arikha
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Avigdor Arikha retratado en su estudio