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domingo, 25 de marzo de 2012

UNA MUY BUENA NOTICIA PARA TODOS AQUELLOS QUE VENERAMOS A MARCEL DUCHAMP COMO SI DE UN PRECIOSO METEORITO LLEGADO DEL ESPACIO EXTERIOR SE TRATASE



Se publican los Escritos de Marcel Duchamp (Galaxia Gutengerg/Círculo de lectores).
El libro reúne "entrevistas, reflexiones de Duchamp sobre su trabajo, semblanzas de sus contemporáneos y entradas accidentales de un diario inconcluso". 
Más información y fragmentos del libro en este suculento artículo de Iker Seisdedos para El país:


lunes, 5 de octubre de 2009

DUCHAMP Y LAS FALSIFICACIONES


Retrato de Marcel Duchamp

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Una falsificación es una forma de publicidad. A menos que esa falsificación sea tendenciosa. Incluso me resultaría divertido ir a ver la falsificación. Bueno, a decir verdad, tampoco me divertiría tanto. Para ver falsificaciones voy al Museo Metropolitano de Nueva York con mi amigo Robert Lebel, que me las enseña. Se tendrían que marcar las obras, poner etiquetas en las que dijese que la obra es falsa, o casi falsa o no del todo falsa... Con comentarios en los que figurase que el cuadro era un 50 por ciento falso, o un 25 por ciento o un 75 por ciento... Mostrarlo públicamente, entrar en el juego de las falsificaciones.


Yo quería cambiar mi identidad, y la primera idea que me vino fue la de tomar un nombre judío. Yo era católico y ya el hecho de cambiar de religión era un cambio. Pero no encontré un nombre judío que me gustara o que, de alguna manera, me tentara y de repente me vino una idea: ¿por qué no cambiar de sexo? Es mucho más simple. Y de ahí vino el nombre de Rrose Sélavy. Ahora suena tal vez muy bien, los nombres cambian con el tiempo, pero en aquel entonces Rose era un nombre estúpido. La doble “R” viene del cuadro de Picabia El ojo cacodilato, que está puesto en el bar “Le Boeuf sur le toit”… sobre el que Francis había pedido a sus amigos que firmaran… yo creo que escribí “Pi qu´habilla Rrose Sélavy” (Picabia lárrose cést la vie).


(Marcel Duchamp)


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Marcel Duchamp retratado como Rrose Sélavy


martes, 20 de enero de 2009

Una tarde

Marcel Duchamp, Jacques Villon y Raymond Duchamp (1912)
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Hacía una tarde estupenda, una tarde perfecta. Se sentaron a charlar en el jardín tras una comida excesiva. Fifí, el perro, permaneció allí tranquilo, junto a ellos, como uno más. Marcel, de vez en cuando, se columpiaba abstraído en su sillón de mimbre. Jacques, a pesar del catarro, fumaba algún que otro cigarrillo. Raymond, que había dejado su sombrero en el suelo nada más sentarse, sujetaba a Fifí para que este no se lo mordisquease.


Hacía una tarde estupenda, una tarde perfecta. Pero cuando quisieron darse cuenta, el cielo comenzó a palidecer, y la luz, anaranjada tirando a rojiza, disminuyó como sin ganas, a disgusto, sin desear abandonar el lugar.

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