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jueves, 15 de octubre de 2009

TODA LA VERDAD DE PEPE CERDÁ

Gasolinera, pintura de Pepe Cerdá
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Aunque recibo gran cantidad de invitaciones para ello, no acostumbro acudir a inauguraciones. Lo cierto es que no suele apetecerme ir a las inauguraciones a las que me invitan, en cambio, no sé muy bien por qué, suelen despertar mi interés aquellas inauguraciones a las que no he sido invitado formalmente.

Hacía tiempo que no iba a Zaragoza, creo que unos cinco años. El pasado viernes 9 de octubre me decidí a volver a la capital aragonesa. Tenía la excusa perfecta: una inauguración a la que no había sido invitado y una exposición que me interesaba mucho visitar. Cogí el AVE en Barcelona a las cuatro de la tarde y, en menos de dos horas, me encontraba ya en Zaragoza, preguntándome por qué habría tardado tantos años en volver a una ciudad que siempre me ha gustado. Aunque me lo pregunté con amabilidad, no obtuve respuesta alguna. En la estación de tren cogí un taxi que me llevó al hotel. Me tumbé un rato en la habitación. Cuando cruzo por primera vez la puerta de una habitación de hotel, me gusta tumbarme en la cama, comprobar si el colchón es de mi agrado. El colchón del hotel de Zaragoza me pareció exquisito. A veces creo que concedo demasiada importancia a los colchones, pero para mí son una de las cosas más importantes de esta vida. Tras pasar media hora lozanamente tumbado, me levanté decidido a dar un paseo por el centro de la ciudad. Así fue, di un agradable paseo antes de acudir a la inauguración de una exposición a la que nadie me había invitado y a la que no creí necesario haber sido invitado para acudir a ella. Se trata de la exposición del pintor Pepe Cerdá, titulada El oficio de pintar y situada en La Lonja de la Plaza del Pilar hasta el 22 de noviembre. Había mucha gente en la inauguración. También Pepe Cerdá andaba por allí. Muchas personas saludaban al pintor, le felicitaban por su trabajo. Yo me alegré de verle en persona pero me mantuve a cierta distancia; no me pareció ni el momento ni el lugar para presentarme, preferí pasar desapercibido y disfrutar de sus pinturas, porque, al fin y al cabo, contemplar una pintura es como mantener una charla con quien realizó esa pintura. Recorrí entera la exposición. Había demasiada gente para mi gusto. Mientras una señora oronda tapaba la mitad de un cuadro y un niño correteaba a mi alrededor, me dije que me gustaría volver al día siguiente, disfrutar con más calma del trabajo de Pepe Cerdá. Así lo hice. El sábado, a media mañana, allí me encontraba de nuevo. La exposición me pareció magnífica, una gran exposición, no sólo por su tamaño sino, más que nada, por su intensa belleza. Me resultaron además muy originales los motivos de muchas de las pinturas de Pepe Cerdá: tiovivos, gasolineras, hombres conduciendo sus tractores, como retratos ecuestres contemporáneos, deudores sin duda de pintores como Velázquez o Rubens. También me deslumbraron sus inquietantes paisajes nocturnos, y me parecieron muy interesantes los expresivos retratos de personas cercanas al pintor.

No tardé nada en llegar a una conclusión: me encanta la pintura de Pepe Cerdá, parece construida a base de deslumbrantes lamparones pictóricos, parece construida por una gran maraña de manchas de la que emergen sus visiones cotidianas, parece construida por un sinfín de certeros y centelleantes borrones. Parece, o por lo menos a mí así me lo parece, construida desde la verdad. Su verdad.

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Pepe Cerdá (fotografía del Heraldo de Aragón)


pepe-cerda.blogia.com

miércoles, 22 de octubre de 2008

Entresijos del trabajo de un pintor

Pintura de Pepe Cerdá (Papelera de Montañana, 200 x 250 cm, oleo sobre tela)



El blog del escritor Antón Castro es como un maravilloso bazar en el que uno puede encontrar de todo. Desde exquisitos posts o suculentas noticias culturales, hasta fotografías, dibujos o pinturas que a uno le abren los ojos de par en par hasta desear no cerrarlos más.


Allí me encontré un buen día con el pintor Pepe Cerdá (he de reconocer que yo nada sabía de Pepe Cerdá hasta que me tope con él gracias a Antón Castro). Desde aquel día acostumbro a frecuentar el blog de este pintor aragonés y, de vez en cuando, su página web. Página en la que pueden contemplarse varias series de sus pinturas: Pintura de historia, En la casa de Velázquez y, descargable en formato pdf, Paisajes (de donde he robado la maravillosa pintura que acompaña a este texto, y que a mí -tal vez sea por estar metido en este hotel junto a la vía- me tiene cierto sabor a Hopper con unas gotas de Morandi). Ni que decir tiene que en el blog de Pepe Cerdá pueden leerse textos muy variados, que a veces tratan sobre el trabajo del pintor en su estudio. Son estos los textos que a mí más me gustan. No porque otros no me gusten, pues siempre me resulta interesante su punto de vista, si no porque yo nunca he tenido mano para las artes plásticas y adoro saber algo más sobre los entresijos del trabajo de un pintor.


Ayer mismo Pepe Cerdá escribía: …el cuadro vuelve a estar relamido y resobao. Y lo vuelvo a borrar y vuelta a empezar… Y así pasa una hora y otra, y otra más. Y duelen los ojos y los riñones. Y al final del día agotado y de mala leche me percato de que otro día más que no ha sevido para nada… Por eso cuando dicen que tengo “facilidad” para pintar que “a mí no me cuesta nada” no se pueden imaginar lo que me cabrea.


Estas palabras de Pepe Cerdá sobre su quehacer diario, en las que se atisba la suma de fracasos como un camino más para intentar llegar a buen puerto, son un pequeño resquicio por el que puede verse algo de los entresijos del trabajo de un pintor.

Arriba: Pepe Cerdá en plena faena. Debajo: Detalle de los utensilios del pintor.