lunes, 6 de junio de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (8): Yves Klein

Pintura de Yves Klein

6 de junio, Yves Klein (1928-1962)

De un día para otro, como si de una iluminación se tratase, Yves Klein cambió el deporte por el arte. Se había dedicado hasta entonces a las artes marciales y de pronto le dio por dedicarse a las artes pictóricas. Se dedicó a la pintura los últimos ocho años de su vida, esos últimos ocho años en los que inhaló diariamente los productos químicos con los que pintaba y que fueron los causantes del ataque al corazón que le llevó a la tumba.
Poco después de su fallecimiento, nació su único hijo.


Pintura de Yves Klein

Yves Klein

sábado, 4 de junio de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (7): Jan Lievens

Pintura de Jan Lievens



4 de junio, Jan Lievens (1607-1674)

Jan Lievens sufrió graves dificultades financieras al final de sus días, debido sobre todo a que su prestigio como pintor, tras una época de gran notoriedad, fue decayendo a medida que gran parte de sus obras eran erróneamente atribuidas a otros maestros holandeses. Se le atribuían especialmente a Rembrandt, con quien colaboró y compartió estudio en la década de 1620, y a quien, al final de su días, Jan Lievens odio como nunca antes había odiado a nadie.
Tras su muerte, acaecida el 4 de junio de 1674 en Ámsterdam, su familia evitó reclamar cualquier herencia por temor a las deudas.




Pintura de Jan Lievens


jueves, 2 de junio de 2011

CONTRA LA AMISTAD



Si el tema viniese a cuento y alguien me lo preguntase, me atrevería a decir que el poeta Eustaquio Farfallán es mi mejor amigo. Aún atreviéndome a decir esto, me atrevería a decir además que Eustaquio Farfallán no me cae bien, y cada vez que le veo me cae peor.
Considero que Eustaquio Farfallán es mi mejor amigo ya que, además de conocernos desde la infancia, hemos compartido a lo largo de los años numerosas situaciones personales, un sinfín de confidencias y nuestro desmesurado amor por las páginas web dedicadas a la vida y obra de Frank Sinatra. Me atrevería a decir, incluso, que siempre nos hemos llevado bien y nunca ha existido entre nosotros la menor aspereza. No creo que nadie me conozca mejor que Eustaquio Farfallán y que nadie conozca a Eustaquio Farfallán mejor que yo. Pero esta circunstancia no evita que, desde hace unos años, cada vez se me haga más cuesta arriba quedar con él una vez a la semana. Antes me parecía el tipo más gracioso del mundo, ahora sus chistes se han transformado en burdas bromas sin la menor gracia. Me atrevería a decir que no le soporto; no soporto su sonrisa, su tono de voz, sus gestos, esa manía suya de asentir sin ton ni son… no soporto, en definitiva, nada que tenga que ver con su persona. Me atrevería a decir que Eustaquio Farfallán ha cambiado en los últimos años, que no es el mismo ni por asomo, que fue abducido por alguna nave extraterrestre, que es en realidad un ser de otro planeta que ha suplantado a mi mejor amigo. Y en el fondo sé, aunque me duela reconocerlo, que el que ha cambiado he sido yo. Pero eso es lo de menos, otra historia, sin el menor interés. El problema reside en que no sé cómo deshacerme de Eustaquio Farfallán, cómo evitar esos encuentros a los que me veo obligado a asistir cada tarde de cada jueves, el día de la semana en el que compartimos una hora de nuestro tiempo, charlando y tomando unas cañas, siempre en la misma cafetería del centro de la ciudad. Alguna vez he inventado alguna excusa ausentándome así de nuestra cita semanal, pero no sé cómo cortar el asunto por lo sano, cómo dejar de ver a mi mejor amigo para siempre. Me gustaría olvidarle, perderle de vista, no volver a saber nada de mi mejor amigo durante el resto de mis días. Cuando se acerca una nueva cita, un nuevo y fatídico jueves, ideo siempre una manera para decirle que no podremos volver a vernos. La cosa nunca pasa de ahí, apunto la idea en una libretita y después no se la comento. Construyo siempre cada idea de tal manera que mi confesión no le haga daño, que no refleje mi descomunal antipatía hacia él. Pienso en decirle, por ejemplo, que tengo demasiado trabajo. O que estoy muy enfermo y me queda poco tiempo de vida. O que me he echado novia. Precisamente eso es lo que hice el año pasado, me eché novia durante tres meses, tan sólo para distanciarme de Eustaquio Farfallán. Se llamaba Mari, una mujer sosa y malencarada que no me atraía ni lo más mínimo. Fue la excusa perfecta para huir de mi mejor amigo durante una temporada en la que, lejos de su compañía y junto a una mujer a la que no amaba, me sentí el hombre más feliz sobre la tierra. Aquello no duró demasiado, enseguida Mari desapareció de mi vida, y me vi abocado a nuevas citas con Eustaquio Farfallán. Fue entonces cuando empecé a tener un sueño repetitivo, un sueño en el que acudo al entierro de mi mejor amigo. No es un mal sueño, nada tiene que ver con una pesadilla, es en realidad un sueño placentero, alentador incluso. Aparezco siempre silbando y sonriendo  mientras echo paladas de tierra al agujero en el que descansa el cuerpo sin vida de Eustaquio Farfallán. Cuando la tierra cubre todo su cuerpo, me despierto sintiendo un desasosiego feroz al comprobar que todo aquello que he soñado nada tiene que ver con la realidad.
Escribo todo esto un miércoles por la noche, escuchando My way de Frank Sinatra y temblando al pensar que mañana he de acudir, una vez más, a una cita con Eustaquio Farfallán. Anoto en mi libretita una nueva e inútil idea para acabar con esta maldición:
Idea nº 216
Contarle que el médico me ha dicho que tengo el colesterol por las nubes. Que debo hacer deporte. Que, a partir de ahora, todas las tardes de la semana, sin remedio, deberé que acudir al gimnasio.




martes, 24 de mayo de 2011

EL CORAZÓN DE BOB DYLAN CONTINÚA LATIENDO SIN DESCANSO

Retrato de Bob Dylan realizado por Iri5 (Erika Iris Simmons) con cinta de cassette.


El corazón de Bob Dylan continúa latiendo sin descanso. La contracción de su ventrículo izquierdo lleva la sangre a su aorta, que se dilata. Tiene un pulso estupendo. También el resto de sus constantes vitales son inmejorables; su temperatura corporal, su frecuencia respiratoria o su presión arterial así lo indican. Creo que es ahora cuando Bob Dylan debería ser criogenizado. Así podría ser reanimado dentro de algunos siglos, cuando toda civilización haya olvidado que hubo un tiempo en que algunos trovadores recorrían el mundo. No lo olviden, aún estamos a tiempo. Hoy cumple 70 años y si lo pensamos mucho podría ser demasiado tarde. Estas cosas hay que hacerlas con el corazón, lanzarse a la piscina sin pensar en las consecuencias. Criogenicemos a Bob Dylan. Hagámoslo. Si fuese necesario podría llevarse a cabo un gran referéndum a nivel mundial para llevar a buen puerto la criogenización de Bob Dylan. Si la familia del músico estuviese en contra de tal idea, podría ser criogenizada con él. Así, al ser reanimado dentro de algunos siglos, no sé sentiría tan solo y desubicado. Súmense a mi revolución, criogenicemos a los grandes hombres del siglo XX que aún siguen con vida. No les dejemos escapar.
No debemos olvidar criogenizar también alguna de las guitarras de Dylan. La madera siempre se evapora ante las inclemencias del transcurso del tiempo.






miércoles, 18 de mayo de 2011

MI GRAN MESITA DE NOCHE (13)


MESITA Nº13: Lennie Tristano, Paul Cézanne, Paul Bowles, Pablo Picasso, Sarah Vaughan, Eva Heller, Mario Cuenca Sandoval, Javier Avilés, Flavia Company, Roberto Valencia, Anton Chéjov, Eduardo Halfon, Enrique Vila-Matas, Lourdes Cirlot.

Anteriores mesitas de noche AQUÍ.



domingo, 15 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (6): Kazimir Malévich

Pintura de Kazimir Malévich



15 de mayo, Kazimir Malévich (1878-1935)
En el instante en que supo que su muerte se avecinaba, Kazimir Severínovich Malévich pidió que enterrasen sus cenizas bajo la sombra de un roble. Tenía 57 años y hacía tiempo que vivía en la miseria; tras la muerte de Lenin las autoridades soviéticas decidieron relegar el arte de vanguardia y apostar por el realismo panfletario.
Durante el funeral, una minúscula comitiva acompañó en silencio al extraño ataúd suprematista en el que descansaban los restos del pintor.
Como homenaje, el ayuntamiento de Leningrado costeó su funeral.
Días después, bajo la sombra del roble donde Kazimir Severínovich Malévich fue enterrado, se erigió un cubo blanco coronado por un cuadrado negro.


Pintura de Kazimir Malévich

jueves, 12 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (5): Jean Dubuffet

Pintura de Jean Dubuffet


 

12 de mayo de 1985, Jean Dubuffet (1901-1985)
Jean Dubuffet se dedicó al comercio de vinos hasta los 41 años. Fue a esa edad cuando realizó su primera exposición y decidió dedicarse por completo al arte.
Aunque nadie se ha atrevido a decir que su frecuente contacto con el vino pudiese tener algo que ver, la mañana del 15 de mayo de 1985 Jean Dubuffet sintió un fortísimo dolor en su pecho. Murió poco después, a consecuencia de una crisis cardiaca. Sucedió en París. Tenía 83 años.



 

Pintura de Jean Dubuffet

miércoles, 11 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (4): Juan Gris

Pintura de Juan Gris


11 de mayo de 1927, Juan Gris (1887-1927)
José Victoriano González Pérez supo desde su infancia que con ese nombre no llegaría muy lejos. Así que, a los diecinueve años, decidió inventarse un nuevo nombre, un nombre artístico, un nombre con el que viviría hasta el final de sus días: Juan Gris.
Pero, aún inventándose el nombre de Juan Gris, no pudo evitar que en 1927 le diagnostiquen asma, con ataques cada vez más violentos y frecuentes. Desde entonces tan sólo pintó y dibujó un par de horas diarias entre un sinfín de estertores.
Murió a los 40 años, en Boulogne-sur-Seine, preguntándose si habría corrido la misma suerte de no haber cambiado de nombre.
Dos días después de su muerte, se dio sepultura a sus restos en el cementerio de la localidad francesa en la que falleció. Encabezaron el duelo su hijo Georges, Pablo Picasso, el escultor Jacques Lipchitz, el marchante Daniel-Henry Kahnweiler y el crítico de arte Maurice Raynal.


martes, 10 de mayo de 2011

DIRECCIÓN BRASIL

Jardim da luz, Sâo Paulo



Disfruto siempre leyendo los artículos de Enrique Vila-Matas en El País.
Me ha gustado mucho uno que he leído esta mañana, mientras desayunaba, mientras mojaba el croissant en el café y los ojos se me iban a la pantalla del ordenador y saltaban de línea en línea hasta devorar la última frase: Huiré en todas las direcciones si Sâo Paulo está dormida.




lunes, 9 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (3): Paul Gauguin

Pintura de Paul Gauguin




9 de mayo, Paul Gauguin (1848-1903)
En los últimos años de su vida, asentado en la Polinesia, Paul Gauguin se dedicó a luchar contra muy diferentes problemas de salud. Pasó varios años con una herida en una pierna que no conseguía curar. Padeció una crisis de sífilis. También contrajo la lepra.
Tras intentar suicidarse en 1897, malvivió después con una pequeña pensión que le enviaba un marchante parisino.
Débil, harto de luchar, murió a los 52 años, la radiante mañana del 9 de mayo de 1903.

 



Pintura de Paul Gauguin


sábado, 7 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (2): Caspar David Friedrich

Monje a la orilla del mar, pintura de Caspar David Friedrich


7 de mayo, Caspar David Friedrich (1774-1840)

El pintor alemán Caspar David Friedrich conoció de cerca la muerte desde su más tierna infancia. Cuando tenía siete años falleció su madre, Sophia Dorotea. Un año más tarde, en 1782, fue su hermana Elisabeth quien murió. Años después también falleció su segunda hermana, María. Y, posiblemente, la mayor tragedia de su infancia sucedió en 1787 con la muerte de su hermano menor, Johann Chistoffer, a la edad de trece años; Caspar David Friedrich presenció cómo su hermano atravesaba el hielo de un lago congelado ahogandose poco después sin que él pudiese hacer nada por evitarlo.
Caspar David Friedrich, introvertido, melancólico y depresivo, padeció además un agresivo ataque de apoplejía en 1835, ataque que causó cierta parálisis en sus manos, reduciéndose así en gran medida su capacidad para pintar. A partir de entonces trabajó en pequeño formato y vivió en la pobreza, junto a su familia, pendiente de la caridad de sus amigos.
El 7 de mayo de 1840 Caspar David Friedrich murió en Dresde, en la más absoluta miseria y sumido en una melancolía feroz.
Fue enterrado en el cementerio de la Trinidad.


El caminante sobre el mar de nubes, pintura de Caspar David Friedrich


lunes, 2 de mayo de 2011

LOS PINTORES TAMBIÉN MUEREN (1): Leonardo da Vinci

Dibujos de Leonardo da Vinci


Un 2 de mayo de 1519 Leonardo da Vinci falleció en Amboise. 
Falleció a los 67 años. 
Falleció acompañado de Francesco Melzi, a quien legó sus proyectos, diseños y pinturas.
Leonardo da Vinci fue aquel tipo del renacimiento que le daba a todo: pintor, científico, inventor, anatomista, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo, escritor…
El fallecimiento de Leonardo fue también el comienzo de la dispersión y el extravío de dos tercios de los cincuenta mil documentos originales redactados en viejo toscano y codificados por él. Cada carné, manuscrito, página, croquis, dibujo y texto suyo fue considerado desde entonces como una obra de arte.
No han quedado más que trece mil documentos de aquellos cincuenta mil. La mayoría se conservan en el archivo de la Ciudad del Vaticano.

Leo estos días en París los cuadernos de notas de Leonardo da Vinci. Los leo en la cama, en el metro, en el supermercado, mientras camino por la calle.
Dice: “El miedo o la timidez prolongan la vida, el engaño sirve para conservar sus instrumentos.”
Y dice: “Donde hay sensibilidad allí es más fuerte el martirio.”
Y también dice: “Las personas nos engañan y el tiempo nos desilusiona. La muerte se ríe de nuestras preocupaciones. Las ansiedades de la vida son nada.”






jueves, 28 de abril de 2011

CINCO PUNTOS MUERTOS





1. Escribir desde la muerte no es muy diferente de escribir desde la vida; las letras, palabras y frases deben también encadenarse y aparentar cierto significado.

2. Hay días en que morirse es un verdadero alivio. He muerto tres veces en mi vida. Las tres veces he sentido esas defunciones como un enorme consuelo, un bálsamo de suspiros interminables.

3. En el momento en que te das cuenta de que estás muerto, te preocupas siempre por cosas que dejaste sin hacer en vida: que si no terminé de escribir la novela que tenía entre manos, que si no contesté aquel e-mail tan importante, que si no devolví los libros a la biblioteca, que si no le pagué el alquiler al casero, que si dejé caducarse la leche en la nevera, que…
Tardas en acostumbrarte a ser un cadáver. Pero al tercer día dejas de preocuparte y respiras hondo y te tumbas en cualquier sitio y te pones a escribir tus memorias y así pasas el resto del tiempo muerto.

4. Saber que uno no sabe quien es ya me parece saber demasiado. Esto en la muerte queda bien claro, las dudas son tantas que no hace falta respuesta alguna.

5. Lo peor de la muerte es tener que resucitar. Cuando renaces sientes unos retortijones insufribles que te hacen desear morir de nuevo cuanto antes. Resucitar es una auténtica lata. Debes explicar además a familiares y amigos -sin asustarles demasiado- que has regresado de la muerte y que deben devolverte todas aquellas cosas que les dejaste en herencia.


domingo, 27 de marzo de 2011

LA FUERZA DEL DESTINO

Kid Chocolate. La fuerza del destino.
(Pintura de Eduardo Arroyo)
Óleo sobre lienzo, 195 x 130 cm, 1972, Colección Fundación "La Caixa", Barcelona

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Ayer me robaron la cartera.
Hoy me subo al ring del fight-blog.
Mañana me voy a París con lo puesto.

Turnover.
I´m only sleeping.
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sábado, 26 de marzo de 2011

PRESENTACIÓN DE "DANS LA TURBULENCE" EN PARÍS


El próximo viernes 1 de abril tendrá lugar en París la presentación de mi nuevo libro, Dans la turbulence (En la turbulencia, Arachnide Editors, 2011). Será a las 19 h en la Librairie Maldoror, situada en el número 32 de la rue Varenne. Tengo ya reservada una habitación no muy lejos de la librería, en el Hotel Vaneau Saint Germain de la rue Vaneau 86. En principio estaré en París una semana, pero estoy pensando seriamente en quedarme allí durante una larga temporada. Estoy pensando en no volver a Mataró. Mataró se termina enseguida. París no se acaba nunca. O eso dicen. La cuestión es que, hace bien poco, una editorial parisina me ha ofrecido trabajo: traducir al francés unos cuantos libros de autores españoles contemporáneos; podría hacerlo desde Mataró sin el menor problema, pero un cambio de aires me sentará bien, creo que es lo que necesito en estos momentos. El lunes subiré a un tren con un billete de ida. No sé cuando regresaré a mi residencia habitual. Suena bien, suena a jazz, suena a John Coltrane. Es lo que escucho mientras escribo esto. A love supreme. Sí, creo que en París me espera un amor supremo; o, quizá, quién sabe, una ensalada suprema:

Ingredientes para 4 seres humanos:
  • 4 huevos duros cocidos en un cazo de 30 centímetros de diámetro.
  • 2 tomates medianos cortados en rodajas con un cuchillo japonés.
  • 1/2 pechuga de pollo cocida y deshilachada con mucho mimo.  
  • 1 lechuga orejona sin gusanos ni lombrices.
  • 4 rebanadas de queso amarillo como el sol.
  • 4 ramitas de berro robadas en un huerto de la costa brava.
  • 1/2 taza de aderezo de miel recién cogida del panal.
Método: Lavar la lechuga hoja por hoja. Cortar cada hoja en tres o cuatro partes. Secarlas bien. Para servirla poner en cada plato algunas porciones de lechuga, colocando encima el huevo, los gajos de tomate, el pollo en hebras, una tira de queso amarillo, decorando con el berro y rociando todo con el aderezo de miel. Bueno provecho.


miércoles, 23 de marzo de 2011

EMBOBADO

Fotografía de Mark Squires


No hace mucho, navegando por Internet, me topé con una preciosa fotografía que me conmovió al primer vistazo. En la fotografía en cuestión, aparece una mujer, a gatas, con un libro entre sus manos y su falda levantada levemente mostrando parte de su trasero. La imagen pertenece a un fotógrafo del que tan sólo sé su nombre, Mark Squires. Tras encontrarla la guardé en una carpeta de mi ordenador, esa carpeta en la que puede leerse Fotografías preciosas y que está repleta de imágenes de mujeres.
A veces entro en esa carpeta y me quedo largo rato observando sus fotografías como quien mira al horizonte sentado en la orilla de una playa casi desierta; embobado.



miércoles, 16 de marzo de 2011

EL ARTE LO CARGA EL DIABLO



He vuelto a las andadas. He vuelto a crear. Sí. Agárrense. He vuelto a colgar algunos anti-haikus en mi blog de frasecollages. Ya está aquí de nuevo el artista que hay en mi. Ha resurgido, cual ave Fénix de un cenicero cualquiera. He vuelto a sentirme poseído por la llamada del Arte, como una especie de Jekyll y Hyde de pacotilla.
Toc, toc. ¿Quién es? El Arte, soy el Arte, Álex. Vengo para azuzarte un poco y hacerte así crear unas cuantas de esas obras maestras que tan bien te salen. Eso me dijo, así me engañó. Se presentó de golpe en casa, sin avisar, por sorpresa. Y no iba solo el Arte, no. Se trajo a una amiga suya llamada Inspiración, y nos juntamos los tres (lo que algunos llaman ménage á trois). Y ala, a crear se ha dicho. Así fue. Así salieron estos nuevos anti-haikus.
En los próximos días colgaré más. Poco a poco. Tantas obras de arte de golpe podrían sentar indigestas, fatídicas, mortales. El arte lo carga el diablo. No lo olviden. Nunca.


Para ver más anti-haikus pinchar aquí:



martes, 15 de marzo de 2011

DEDICATORIAS NORTUB (3)

Imagen de la página web de Enrique Vila-Matas



El día en que quedé con Enrique Vila-Matas en un café de la Diagonal, temí que durante la conversación fuesen mencionadas mis falsas dedicatorias. La noche anterior apenas dormí pensando en ello. Cómo explicarle la razón que me llevó a hacerlas. Cómo contarle que tan sólo las hago para presumir ante mis amistades, por pura vanidad. Estas cuestiones dieron vueltas en mi cabeza hasta la hora de encontrarme con él. Acudí muy nervioso a aquel café. Nunca sabe uno como puede tomarse un escritor hecho y derecho que alguien vaya por ahí firmando sus libros e imitando su rubrica con engreimiento. Pero nada dijo Vila-Matas sobre ello. Tampoco a mi se me ocurrió mencionarlo. Al final abandoné aquel café aliviado, con un sosiego que desconocía hasta entonces. Días después, navegando por Internet, vi en la página web del escritor barcelonés mis falsas dedicatorias colgadas junto a otras muchas de sus dedicatorias auténticas. Allí estaban, al final de una de sus páginas, en formato pequeñito, saludando al mundo entero.
He de reconocer que me hizo ilusión encontrarme allí aquellas falsificaciones de mi puño y letra, acompañadas además de una frase que yo mismo escribí sobre ellas: Las falsas dedicatorias de Vila-Matas son, con gran diferencia, las que mejor me salen.


Y aquí dos enlaces a las anteriores entradas sobre mis falsas dedicatorias:




lunes, 14 de marzo de 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

PANTALLA, PASEO Y TEXTO (como un remolino de cabello imposible de peinar)




Y es entonces cuando me pregunto qué es lo que hago delante de esta pantalla. Me pasa a veces: tras unas cuantas horas navegando por Internet me doy cuenta de que no he hecho nada de provecho ni he visto nada que haya merecido la pena. Pero sigo ahí, dando vueltas. A menudo, después de dar un sinfín de vueltas, aparezco como por  arte de magia, sin saber muy bien cómo, en el mismo lugar en el que había empezado a navegar. Incrédulo, sacudo mi cabeza y tomo aire. Entonces me acuerdo siempre de un amigo pintor que me contaba, hace ya muchos años, que había días en que se pasaba las horas dando vueltas alrededor de un lienzo, mirándolo y remirándolo, y, al caer la noche, daba tan sólo un par de pinceladas y abandonaba tan contento su estudio. Así que supongo que espero algo así, espero al final hallar algo que me haga desconectarme contento, abandonar esta pantalla sin esa sensación de tiempo perdido que a menudo me corroe las entrañas. Me gustan los días en que doy un sinfín de vueltas y los hallazgos se encadenan. Es como salir a pasear y disfrutar de lo que uno va encontrando en el camino. Sin prisa. Sin rumbo. Pasear sin conciencia de paseante. Pasear por pasear. Un paseo por las teclas. Clac. Clac. Clac. Me agrada cuando la pantalla funciona así, como un paseo. Pero no siempre es fácil conseguirlo. También están los días en que todo parece abocado a desinflarse. Los días en que todo pierde fuerza a mi alrededor. Pero eso ya nada tiene que ver con la pantalla, ni con las teclas. Eso tan sólo me atañe a mi. A nadie más. Se trata de un mal concéntrico, centrado, concentrado. Dentro. En el interior del interior de la materia gris. Descolorida. Difuminada. Desteñida. En blanco y negro. Sin el menor rastro de todo ese color que todos habéis estado esperando.
(Y siento que al final, como otras muchas veces, muy a mi pesar, mi texto termina por rebelarse y mostrarse indómito, como un remolino de cabello imposible de peinar.)

martes, 8 de marzo de 2011

EL TÍO BRAULIO SIEMPRE ESTUVO ALLÍ

Bela Lugosi en The return of Chanadu


El tío Braulio siempre estuvo allí, en el sótano de la masía, encadenado y metido en una jaula. La primera vez que oí hablar de él tendría yo unos cinco años. Era una tarde invernal, de lluvia y viento feroz, en la que el aburrimiento pudo conmigo y no se me ocurrió nada mejor que abrir la puerta del sótano. Cuando me disponía a bajar las escaleras, la mano de mi madre me agarró del cuello y, diciéndo ¿A dónde vas, jovencito? Ahí no se puede bajar, es la habitación del tío Braulio, arruinó mis planes de aventura infantil.
Braulio Nortub, hermano de mi padre, llevó una vida de lo más normal hasta que cumplió los 30 años. Para celebrarlo se fue de acampada un par de días. Por lo que me contaron mis padres hace ya muchos años, al regresar parecía otro, tenía los ojos en blanco, echaba espuma por la boca y estaba empeñado en morder a las personas que le rodeaban. A mis padres no se les ocurrió otra cosa que encadenarlo y meterlo en una jaula. Después acudieron a un centro de salud para informarse sobre los síntomas que padecía. El médico de turno les dijo que, por las indicaciones que le daban, Braulio era un muerto viviente, se había convertido en un zombi.
Hasta que cumplí los diez años no me dejaron verle. Ese fue mi regalo de cumpleaños: Álex, hoy vas a conocer al tío Braulio. Había oído hablar tanto de él que me puse muy nervioso. Mi padre dijo que él allí no bajaba y se quedó viendo un partido de fútbol en la televisión. Mi madre me agarro con fuerza de la mano mientras sujetaba una linterna con la otra. Recuerdo bajar las escaleras con un continuo temblor en mis rodillas, un fuerte olor a humedad y la temperatura descendiendo a cada nuevo escalón, la imagen sombría de un hombre en una jaula, el haz de luz de la linterna de mi madre iluminando el lugar, el tío Braulio volviéndose hacia nosotros con sus ojos en blanco y su boca espumajeando sin cesar y gruñendo y estirando sus brazos como si desease agarrarnos y despedazarnos a mordiscos sin la menor piedad. Todo aquello supuso un enorme trauma para mí. Durante años dormí fatal debido al miedo que me producía el hecho de pensar que Braulio pudiese escapar. La imagen de su rostro desencajado y sus ojos en blanco me perseguía día y noche. De madrugada me despertaba gritando y empapado en sudor debido a las terribles pesadillas. Durante el día, cuando estaba en casa, permanecía sentado bajo la mesa del salón y apenas abría la boca. Mis padres empezaron a preocuparse seriamente por mi salud mental. Al cumplir los quince, tras una discusión en la que mi padre le reprochaba a mi madre que me hubiese hecho bajar al sótano, decidieron mandarme a estudiar al extranjero. Me explicaron que sería lo mejor para mi futuro y en pocas semanas me mandaron a Londres, a un prestigioso colegio privado en el que yo, lejos de mi tío Braulio, volví a dormir a pierna suelta, cada noche, durante ocho horas seguidas. Tan sólo regresaba a la masía paterna una semana en navidad y un par de meses en verano. Poco a poco fui olvidando al tío Braulio. Mis padres no han vuelto a mencionarlo, desde entonces han hecho como si no existiese. Pero el tío Braulio siempre estuvo allí. A veces, al dirigirme al cuarto de baño y pasar junto a la puerta del sótano, me parece escuchar un gruñido, y entonces mis rodillas vuelve a temblar sin control. Con frecuencia dudo que el tío Braulio existiese alguna vez, me da por pensar que fue mi imaginación infantil quien lo creo, que tan sólo fue un mal sueño. Aunque, al mismo tiempo, sé que el tío Braulio siempre estuvo allí, y que el sótano de la masía es un lugar al que nunca volveré.


viernes, 25 de febrero de 2011

CADA NOCHE, ANTES DE METERME EN LA CAMA, ESCRIBO UNA FRASE

Vampyr, 1932, Carl Theodor Dreyer


POR EJEMPLO:

No me importa lo que piensen de mí las mujeres que pesan cincuenta y ocho kilogramos y medio.

Los días de lluvia salgo a la calle con botines negros y un paraguas a juego.

El arroz a la marinera siempre me sale caldoso.

Cuando me siento en el metro no puedo evitar observar a las personas que me rodean imaginando sus vidas desde que nacieron.

Al caer la noche no se ve ninguna luz al final del túnel.

miércoles, 23 de febrero de 2011

UN TAL EUSEBI


"Cuando me muera seré un grano de arena, o seré un bar, lleno de gente."

Un tal Eusebi
Documental de Iban del Campo


viernes, 18 de febrero de 2011

ADORO VIAJAR EN EL TIEMPO

Pintura de Heiko Muller


Adoro viajar en el tiempo.
Visionar viejos videos.
Navegar por youtube.
Remar hacia una cascada de imágenes infinitas.
Hundirme allí donde otros flotaron.


Pintura de Heiko Muller





lunes, 7 de febrero de 2011

UNA TURBULENCIA EDITORIAL MÁS



Hace un año y medio terminé de escribir un libro, una novela breve. Se titula En la turbulencia. Se trata del accidentado viaje en avión que realiza un individuo barcelonés en dirección a Sao Paulo para asistir a la boda de su hermana. Cuando terminé de escribir el libro lo envíe a diferentes editoriales españolas. No obtuve respuesta alguna. Un buen amigo mío que vive en París, me aconsejó que lo enviase a una pequeña editorial francesa llamada Arachnide. Traduje mi novela al francés y allí la mandé. Les gustó y decidieron publicarla como Dans la turbulence. A partir del 10 de febrero podrá encontrarse en algunas librerías parisinas.
Me digo que París no está muy lejos. Me digo que París no se acaba nunca. Cualquiera puede viajar a París y comprar mi libro. Si no saben francés pueden apuntarse a un cursillo. Estudien. Progresen. Viajen a París. No lo duden. No está muy lejos. No se acaba nunca. Hablo de París. Hablo de mi libro. En la turbulencia. Dans la turbulence. Hablo de que no está muy lejos, de que no se acaba nunca, jamás. Bueno, mi libro sí. Mi libro se acaba. Se lee en una tarde. O en una mañana. O en una noche de insomnio y pesadillas. Mi libro puede acabarse. Mi libro no es París. Mi libro es tan sólo una turbulencia editorial más.

Mi libro empieza así:
Tras atravesar el arco de seguridad sintiendo mi caminar abigarrado, el guardia civil me observa de pies a cabeza. Parece querer desnudarme con su mirada, entorna sus ojos destilando sospechas. Poco después recupero mi cinturón y mi chaqueta y mi portátil y camino despacio hacia la librería del aeropuerto. Las portadas de todos y cada uno de los periódicos reproducen la misma noticia. Los ojeo por encima con indiferencia. Siempre doy vueltas por las librerías de los aeropuertos con la única intención de darme un baño de realidad. Salto a la piscina sabiendo que no hay agua. Y siempre salgo de allí con las manos vacías. He visitado decenas de librerías de aeropuerto y nunca he gastado ni un céntimo en ninguna de ellas. Son para mí lugares de recreo infructuoso, útiles tan sólo para hacer tiempo antes de acometer la huida.