martes, 17 de marzo de 2015

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LOS HUESOS DE CERVANTES


Me pregunto si los arqueólogos que examinan los supuestos huesos de Miguel de Cervantes casi 400 años después de su muerte, han leído el Quijote. Y si lo han hecho, me pregunto si lo hicieron en más de una ocasión o solamente como una tarea escolar. También me pregunto si alguno de ellos tendrá un pasaje del libro que sea su preferido, un pasaje que le asalte mientras estudia, con un detenimiento enfermizo, fémures, omóplatos o vertebras.
Me lo pregunto, me lo pregunto sin poder responderme.

lunes, 2 de marzo de 2015

PASAJE DEL TERROR


Me doy miedo. Lo sé, es una frase triste. Darse miedo a uno mismo no puede ser bueno. Me doy miedo y no puedo esconderme. Lo intento. A veces intento esconderme en un bar o en algún descampado a las afueras, dentro de mi coche. Pero no se puede huir del miedo que te produces a ti mismo. Hay que enfrentarse a él. Eso es lo que dicen. Pero dicen tantas tonterías. Debo enfrentarme al miedo que me produzco, al miedo que se reproduce. Debo enfrentarme al miedo que me tengo cuando escribo. Escribo y no sé si lo hago por miedo o para huir del miedo. Me doy miedo escribiendo. Eso lo sé. Me doy miedo escribiendo pero no puedo dejar de hacerlo. Me da miedo pensar en dejar de escribir. Y me das miedo tú, que lees lo que escribo sobre el miedo. Pero también me da miedo que mis palabras te den miedo. Me da miedo que lo que escribo te aterre. Me da miedo que quieras dejar de leerme. Me da miedo tu miedo, aunque no me da tanto miedo como para dejar de escribir sobre ello. Lo puedo sobrellevar, me digo. Me miento y me digo que sólo son palabras, un montón de signos inofensivos. Pero he de reconocer que también las palabras me dan miedo. Así, todas juntas. Las palabras como una multitud que camina sin rumbo. Palabras que al caminar construyen frases que no dejan de perseguirme. Se me aparecen en sueños. Se esconden bajo la almohada. Me dan miedo, todas esas frases que se me ocurren en la cama, a oscuras. Me da miedo encender la luz y escribirlas. Me da miedo verlas sobre una superficie blanca. Me da miedo reconocerme en ellas. Me da miedo reconocerte en ellas. Me da miedo que puedas llegar a leerlas. Continúo a oscuras, intentando zafarme de todas esas frases que no me dejan dormir. Me da miedo dormirme en mitad de una frase. Me dan miedo los puntos y las comas. Me dan miedo las frases inacabadas. Me dan miedo las frases aplazadas, que se retuercen dentro de mi cabeza. Las frases truncadas. Las frases cercenadas, seccionadas, como rebanadas de pan duro a las que ya nunca podrás hincar el diente. Me da miedo dañar tu dentadura lectora. Creerme tan importante como para hacerte daño, también eso me da miedo.


domingo, 22 de febrero de 2015

EL ABRAZO

Ángel caído mirando una nube, Odilon Redon, 1875

Nada más verme, como si no hubiesen pasado veinte años y nuestra relación de entonces no fuese tan enrevesada como una coliflor, aquel antiguo compañero de colegio se abalanzó sobre mí rodeándome con sus brazos.
Sabía que todos nos miraban, lo sabía  muy bien, todos tenían mil ojos en ese restaurante en el que nos habíamos juntado para celebrar la reunión de antiguos alumnos del Colegio Francés de Ordino.
Aquel no fue un simple abrazo. Mientras me apretaba con fuerza contra su pecho, comenzó a mecerme, de izquierda a derecha, como si fuese un niño. Sentí una vergüenza atroz. Pensé entonces que también puede abrazarse con saña. Lo pensé hasta que temí ser engullido por sus extremidades y, ejerciendo cierta presión con mi abdomen, logré por fin zafarme de su cuerpo.
El abrazo duró cosa de un minuto. Un minuto puede parecer poco tiempo, pero hay minutos interminables, que pueden hacerse eternos, que no parecen acabarse nunca y que cuando por fin se acaban uno siente tal consuelo que deja que sus hombros se desplomen y un suspiro abandone su ser acompañado de un alivio infinito.
Después nos sentamos a comer, y el menú no fue nada del otro mundo.


David y Goliath, Odilon Redon

lunes, 12 de enero de 2015

EN LA FICCIÓN


"En la ficción, casi siempre que acabo un libro que me ha gustado es por las palabras que se han empleado, no por lo que me haya enseñado. En última instancia, no creo que la ficción te pueda enseñar demasiado. El lenguaje sí puede producir un efecto inmensamente beneficioso sobre uno, del mismo modo que la música. La música es capaz de cambiar cómo eres, cómo te mueves por el mundo, y de hacerle un bien enorme a una persona. Para mí, al lenguaje le pasa lo mismo en un plano que no necesariamente es intelectual; tiene que ver con la música y con el ritmo de las palabras que operan en algún otro plano.
Eso es lo que me atrapa."
Nick Cave 
(Nick Cave, confesiones de un santo pecador. Mat Snow. Global Rhythm editorial)