martes, 18 de marzo de 2014

EL DÍA QUE ME OLVIDÉ LAS GAFAS DE SOL



El día que me olvidé las gafas de sol casi me vuelvo loco. Nunca antes me había pasado. Me las dejé en casa, por la mañana, sobre la mesilla de noche, junto a un libro de Pere Calders. El día que me olvidé las gafas de sol casi me quedo ciego. Cuando salí a la calle el cielo estaba cubierto y nada hacía presagiar que se abrirían grandes claros a mediodía. Pero así fue, el sol se hizo fuerte allá arriba, disipando las dudas que pudieran tener todas aquellas nubes grisáceas de formas entreveradas. Y la luz lo abarcó todo y esa luz cegadora se metió hasta en mis bolsillos. El día que me olvidé las gafas de sol maldije un millón de veces mi mala memoria. Busqué la sombra sin descanso, pegándome a las marquesinas, a los semáforos, a las fachadas de los edificios, candentes.  Busque la sombra sin descanso y cuando la encontré no hallé consuelo en ella, ni tampoco la sombra de mi consuelo. El día que olvidé las gafas de sol fue uno de los días más tristes de mi vida. Ya no sé ver sin ellas. Ya no sé vivir sin ellas. Son una parte de mi cuerpo. Olvidar las gafas de sol es como olvidar la cabeza, en cualquier sitio. Olvidar un pie. Olvidar una oreja. Olvidar un dedo meñique. Olvidar una rodilla. Olvidar un fémur. Olvidar la mandíbula. Olvidar el sistema digestivo. Olvidar un globo ocular. Es inaceptable. No debo olvidar las gafas de sol. No debo olvidar las gafas de sol. No debo olvidar las gafas de sol. Escribiré mil veces esa frase para que las gafas de sol estén siempre a mi lado, y no me abandonen nunca, y cuiden de mí ante los días luminosos que se asoman ya por el horizonte del futuro inmediato, con todos sus soles, ardiendo por fuera, y por dentro, quemando las retinas de los hombres que viven y mueren sin cristales ahumados que protejan sus córneas.


Hermes Trimegestus, alquimista


jueves, 6 de marzo de 2014

MUERE LEOPOLDO MARÍA PANERO (1948-2014)


Un poema de Leopoldo María Panero:

 DEDICATORIA

Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.




martes, 25 de febrero de 2014

DECÁLOGO SENTIMENTAL DE GONZALO TORNÉ PARA ESCRIBIR NOVELA


No existen reglas, nunca las hubo. Desconfía de los consejos: suelen ser el recuerdo embalsamado de un fracaso.
Procúrate un amigo que crea en ti incondicionalmente. No consideres en serio sus palabras, apóyate en ellas cuando flaquees, cuando no puedas más.
Lee hasta que se te caigan los párpados. Una novela no es una copia del mundo, es un tejido de frases organizadas. Aprende a robar lo que puede servirte, aprende a esconderlo. Estudia en profundidad a tres o cuatro autores hasta que los conozcas como la palma de tu mano, hasta que puedas torcerlos en el sentido de tus temas.
Examina tu vida: en los episodios confusos, en los vergonzosos, en las tensiones, en los aspectos que no consigues relacionar con la literatura que conoces, allí te aguardan los temas que puedes elaborar, tus temas. La única literatura que vale la pena escribir es la que sólo puedes escribir tú. Pero no recurras a tus vivencias hasta que puedas volverlas atractivas para el lector: todos pasamos por el mundo enamorados de nuestra vida.
No expongas sobre el papel tus propios gustos, ni tus lecturas, protégete de los puntos de vista originales, evita de expresar opiniones contundentes. Te será más útil desarrollar un estilo con el que intimidar al lector y otro con el que seducirlo, aprende a transitar deprisa de uno al otro. Cuando domines esta técnica aprende a ocultarte detrás del texto, a diseminarte.
Examina cuidadosamente tus privilegios y tus desventajas. No olvides de dónde vienes ni te dejes asimilar por sus ambiciones y puntos de vista. Reserva tu lealtad. Alterna con personas más y menos favorecidas que tú, no olvides ni por un momento que no eres uno de ellos.
Atesora las ocasiones en que te despreciaron, te hirieron o fuiste rechazado. A su debido momento estos desencuentros tendrán un valor incalculable. No permitas que te dominen, un escritor en carne viva es un pingajo; pero si tratas de ignorarlas, si las cierras en falso, te convertirás en un bufón. Aprende a graduar la abertura de tus heridas.
Desarrolla con la imaginación una imagen cómica de ti mismo y de tus esfuerzos, te será de gran utilidad cuando te esfuerces en tu trabajo como si fuese lo más importante del mundo. Después esfuérzate como si tu trabajo fuese lo más importante del mundo.

Es posible que la escritura sea una perversión de la vida y la ocupación más noble. Aprende a vivir con los nervios de la existencia sumergidos en la escritura. Se implacable contigo mismo, comprensivo con todo lo demás.
Sé paciente. Incluso en el caso que el ecosistema literario sea un red de favores mutuos entre miserables no elabores una excusa que te justifique: son halagadoras y te ahogarán. Confía en que si lo que escribes es lo bastante fuerte se abrirá paso, si no es lo bastante fuerte (lo que ocurre con aterradora frecuencia) al menos habrás vivido con sosiego, y quien sabe si más y mejores años.

Gonzalo Torné (Barcelona, 1976) es escritor. Divorcio en el aire (Literatura Mondadori, 2013) es su última novela

martes, 21 de enero de 2014

La caída

Bruegel el viejo, La caída de los ángeles rebeldes

Ayer me tropecé de la manera más tonta. Ahora tengo una pierna escayolada y una herida leve en mitad de la frente. Ahora permanezco mucho tiempo sentado o tumbado y las horas parecen siglos que se encadenan sin fin. Ahora no sé que hacer con mi vida y reconozco que soy el peor enfermo del mundo. De la manera más tonta. Así sucedió todo. De una manera tan tonta que me da una vergüenza tremenda entrar en más detalles. Con decir que todo sucedió de la manera más tonta creo que todo está dicho. No hace falta más. No es necesario. Me pica. La pierna. Ahí adentro. Me pica de la manera más tonta y de la manera más tonta siento la imposibilidad de rascarme y de hacer frente a ese picor inmundo.