miércoles, 18 de diciembre de 2013

DE LO QUE ARDE UNOS METROS MÁS ALLÁ DE LA CORDURA (Fragmento nº2)

Arnold Schoenberg retratado por Richard Gerstl


En 1907 el pintor Richard Gerstl y el compositor Arnold Schoenberg entablan una relación de amistad y admiración mutua. Poco después Gerstl se muda a un apartamento en la casa de Schoenberg. Allí se dedica a retratar tanto al compositor como a su mujer, hijos y amigos. Richard Gerstl y la mujer de Schoenberg, Mathilde, no tardan en establecer una estrecha relación, tan estrecha que en el verano de 1908 huyen juntos a Viena mientras Schoenberg se encuentra inmerso en la composición de su segundo cuarteto de cuerda. Con la llegada del otoño, tras terminar Schoenberg el cuarteto y dedicárselo a su mujer, Mathilde regresa a sus brazos. Es entonces cuando Richard Gerstl, atormentado por el rechazo de Mathilde y por la escasa aceptación de sus pinturas, quema parte de su obra y decide suicidarse. Tiene veinticinco años cuando se ahorca frente al espejo de su estudio. Mientras permanece colgado, se las arregla para apuñalarse en el pecho repetidas veces.


Mathilde Schoenberg retratada por Richard Gerstl



Autorretrato de Richard Gerstl



Autorretrato de Richard Gerstl



Autorretrato de Richard Gerstl


Fotos de Richard Gerstl:











martes, 10 de diciembre de 2013

DE LO QUE ARDE UNOS METROS MÁS ALLÁ DE LA CORDURA (Fragmento nº1)


El pintor húngaro Dezsö Czigány se autorretrató en numerosas ocasiones mostrando un semblante tan hierático como escrutador. Sus ojos, allí, en el lienzo, pueden llegar a resultar realmente turbadores si uno los mira fijamente durante un par de minutos. Sobre todo si se tiene en cuenta que el 31 de diciembre de 1937, antes de suicidarse, Dezsö Czigány mató a su familia sin pestañear. Observo algunos de sus autorretratos y, al final, me encuentro con que, tras tanto semblante grave, el que me resulta más inquietante es uno en el que, con tonalidades suaves, aterciopeladas, el pintor húngaro se retrató sonriendo y sujetando una guitarra. En ese autorretrato también su mirada y su sonrisa se nos muestran aterciopeladas, dóciles, sin atisbo de horror alguno. La alegría del artista-asesino enciende un escalofrío en mi espalda cuando le imagino entonando una ingenua y centelleante canción sobre el fin del mundo.








Dezsö Czigány en su taller, en 1912, tapándose el rostro que tantas veces retrató.



lunes, 21 de octubre de 2013

EPIDERMIS VENUSIANA (Proyecto Lumbre)

Venus de las pieles, pintura de Tiziano

Hace algún tiempo recibí un e-mail en el que me proponían colaborar en una revista digital. Se trataba de realizar un texto por encargo, un texto con la piel como tema central. La revista lleva por título PROYECTO LUMBRE (Revista multidisciplinar de insuficiencia cutánea aguda). La mayor parte de su contenido está formado por textos de especialistas médicos en diversas áreas, pero hay una sección, llamada “A quemarropa”, en la que se aborda el tema de la piel desde una visión literaria. Mi texto, titulado Epidermis venusiana, aparece en esa sección, concretamente en el cuarto número de la revista, que acaba de ver la luz hace un par de días. En esa misma sección, en los tres números anteriores, pueden leerse textos de Marta Rivera de la Cruz, Gustavo Martín Garzo y Antonio Rodríguez Almodóvar.
Aquí podéis visitar el número 4º de la revista:
Aquí pueden visitarse los cuatro números publicados hasta el momento:
Y aquí acceder directamente a mi texto, Epidermis venusiana:


 

miércoles, 16 de octubre de 2013

PREMIO PLANETA

Yo, sin lugar a dudas, este año (o cualquier otro año en realidad), le hubiera otorgado el famoso Premio Planeta a...
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 ¡¡¡ VENUS !!!


Venus es el segundo planeta del Sistema Solar en orden de distancia desde el Sol, y el tercero en cuanto a tamaño, de menor a mayor. Recibe su nombre en honor a Venus, la diosa romana del amor. Se trata de un planeta de tipo rocoso y terrestre, llamado con frecuencia el planeta hermano de la Tierra, ya que ambos son similares en cuanto a tamaño, masa y composición, aunque totalmente diferentes en cuestiones térmicas y atmosféricas. La órbita de Venus es una elipse con una excentricidad de menos del 1%, formando la órbita más circular de todos los planetas; apenas supera la de Neptuno. Su presión atmosférica es 90 veces superior a la terrestre; es por tanto la mayor presión atmosférica de todos los planetas rocosos. A pesar de no estar más cerca del Sol que Mercurio, Venus posee la atmósfera más caliente, pues ésta atrapamucho más calor del Sol, debido a que está compuesta principalmente por gases de invernadero, como el dióxido de carbono. Este planeta además posee el día más largo del sistema solar: 243 días terrestres, y su movimiento es dextrógiro, es decir, gira en el sentido de las manecillas del reloj, contrario al movimiento de los otros planetas. Por ello, en un día venusiano el sol sale por el Oeste y se oculta por el Este.

Venus y Satyr. Pintura de Sebastiano Ricci.


martes, 15 de octubre de 2013

UNA VENUS AL DÍA ES UNA ALEGRÍA (6)

Venus y Cupido. Sebastiano Ricci (1700)

Me encantan esos pechos en escorzo, y el ala de esa paloma cubriendo sutilmente el pubis de Venus.

lunes, 14 de octubre de 2013

UNA VENUS AL DÍA ES UNA ALEGRÍA (5)

Venus del espejo. Pintura de Peter Paul Rubens (1615)

Me encanta la elegancia de ese brazalete insertado en su brazo izquierdo. Las perlas en el cuello de la muchacha negra. El ribete del espejo. Y esa línea que asoma sutil y separa las nalgas de Venus.

domingo, 13 de octubre de 2013

UNA VENUS AL DÍA ES UNA ALEGRÍA (4)

Venus del espejo. Pintura de Diego Velázquez (Hacia 1649)

Mi Venus preferida. Me encanta su culo. La plasticidad de sus nalgas. Es el culo ideal, el culo mejor pintado en la Historia del Arte.

sábado, 12 de octubre de 2013

viernes, 11 de octubre de 2013

jueves, 10 de octubre de 2013

UNA VENUS AL DÍA ES UNA ALEGRÍA (1)

La Venus dormida - Pintura de Giorgione (1510)

Me encanta esa mano en su entrepierna. Sus dedos posados ahí, en el centro del cuerpo, el centro del cuadro, el centro de todo.


martes, 6 de agosto de 2013

ARDORES


Los veranos de mi infancia los pasábamos en la masía de mis abuelos hasta que la casa ardió. Se quemó una noche de mediados de agosto. Tendría yo unos ocho años. Recuerdo los gritos de mi abuela alertándonos del fuego. Salimos de allí y no pudimos hacer otra cosa que observar como las llamas devoraban cada rincón de la masía. Todos lloraban. Yo al principio no lo hacía. Miraba el fuego boquiabierto como quien mira unos fuegos artificiales. Pero enseguida observé al resto de la familia y les vi llorando y también yo me puse ello. Lo hice por solidaridad. Recuerdo que no tenía ganas de llorar pero que forcé el llanto imaginando algo terrible. Imaginé a mis padres dentro de la masía, quemándose vivos, y me puse a llorar como el que más. Nunca conocimos el origen del fuego. El abuelo decía que era una maldición que le había echado el vecino. Solían jugar a las cartas en el bar del pueblo y el vecino siempre perdía. Un día, harto de ser conocido como el perdedor del pueblo, el vecino le dijo a mi abuelo que se fuera al infierno y que nunca más jugaría con él. Esa noche la masía ardió y mi abuelo dijo que era cosa del vecino, que le había mandado al infierno. También dijo el abuelo que entre las llamas, en la ventana de su dormitorio, había visto a un ser que le miraba fijamente, un ser hecho de llamas y ascuas que sonreía inmóvil. Al mismísimo infierno nos ha mandado el vecino -dijo mi abuelo- y Satanás se ha presentado en nuestra casa. Tardaron dos años en reconstruir la masía. Tiempo en el que los abuelos vivieron con nosotros en Barcelona. Tiempo en el que le detectaron un cáncer a mi abuela y falleció a las pocas semanas. Tiempo en que la obsesión por su vecino y por Satanás fue creciendo en la mente de mi abuelo. Terminó creyendo que su vecino era Satanás. Cuando regresó a la masía no hablaba de otra cosa. Poco después el vecino apareció muerto en mitad del camino que lleva al río. En su mano derecha tenía una cerilla. Dio la casualidad de que fue mi abuelo quien lo encontró. En el pueblo empezaron a hablar de esa coincidencia y enseguida hubo personas que acusaron a mi abuelo de la muerte de su vecino. Mis padres creyeron que tras la muerte del vecino mi abuelo entraría en razón y se olvidaría de Satanás. Pero sucedió todo lo contrario, empezó a decir que Satanás había abandonado el cuerpo del vecino y ahora anidaba en su interior, que poco a poco iba ganando la batalla, mermando su voluntad, que debíamos alejarnos de él para no volver jamás. Mis padres no le hacían ni caso. Cada quince días le visitábamos. Él siempre hablaba de lo mismo. Se quejaba de ardores de estómago y de aftas en la boca y todo lo achacaba a una posesión demoníaca. Mis padres le recomendaba que visitara a un médico y él respondía que a quien tendría que visitar sería a un cura, idea que no le hacía ninguna gracia. También solía quejarse del calor. Siempre tenía calor. Es lo que nos pasa a los que estamos endemoniados, que siempre estamos sudando, decía muy serio.
Fui yo quien encontré muerto al abuelo ante la puerta de la masía una heladora mañana de enero. Estaba desnudo, tumbado como quien duerme boca arriba, y en su mano derecha tenía una caja de cerillas. Nada más verle sentí un intenso calor invadiendo todo mi cuerpo. Empecé a sudar, a marearme, a sentir una terrible punzada en mi vientre, y enseguida llamé a gritos mis padres. Cuando aparecieron, los ardores de estómago habían logrado encogerme en el suelo como a un animalillo asustado. 


martes, 30 de julio de 2013

MALDICIÓN DE VERANO



Maldición de verano

Hacía un calor insoportable. En cuanto el sol se ocultó, abrí todas las ventanas de par en par. Poco después preparé la cena y, mientras lo hacía, se me quitaron las ganas de cenar. Antes de acostarme me asomé a la ventana del dormitorio. Enseguida llamó mi atención un hombre tumbado en la acera, estirando su brazo bajo mi coche. Supuse que se le habría caído algo e intentaba recuperarlo. Tras medio minuto así, por fin se levantó y pude reconocerle. Era un vecino del edificio en el que vivo, un hombre de unos ochenta años con quien había tenido una acalorada discusión el día anterior. Pronto abandonó el lugar y entró en el portal. Me tumbé en la cama e imaginé al vecino octogenario colocando un artefacto explosivo bajo mi coche. Tardé en dormirme más de una hora. Por un momento pensé en vestirme y bajar a la calle. Con esa idea en la cabeza, caí en la duermevela. Por la mañana enseguida recordé al vecino tumbado en la acera, estirando su brazo bajo mi coche. Me duché y desayune con rapidez; me quemé la lengua con el café, lo dejé a medias. Una vez en la calle, me arrodillé en la acera y miré bajo el coche. Había una paloma muerta y, junto al ave, un calcetín roto. Sin poder hacer nada por evitarlo, me acordé del pintor Antoni Tápies.


viernes, 19 de julio de 2013

MI GRAN MESITA DE NOCHE (20) Algunos libros para atravesar el verano


1. La soledad del lector, de David Markson (La Bestia Equilatera, 2012)
2. Un sendero nuevo a la cascada, de Raymond Carver (Visor, 2001)
3. Entender el cómic, de Scott McCloud (Astiberri, 2007)
4. Durero, texto de John Berger (Taschen, 1994)
5. Campo Santo, de W.G. Sebald (Anagrama, 2010)
6. El Libro de los Vivos, Juan de Madre y Tislit er-Rbia (Sloper, 2011)
7. La insólita reunión de los 9 Zacarías, Colectivo Juan de Madre (Aristas Martínez, 2012)
8. Presencia Humana (Nueva literatura extraña), Varios autores (Aristas Martínez, 2013)


miércoles, 10 de julio de 2013

IMPERTINENCIA FOTOGRÁFICA

Fotografía de Miyazaki

En Barcelona procuro mantenerme alejado de ciertos lugares. Por ejemplo de los lugares turísticos (que van en aumento y están cerca de conquistar la ciudad). Por ejemplo de Las Ramblas. Me molestan sobre todo esos cientos de turistas que lo fotografían todo sin llegar a ver nada. Da igual que se trate de una asquerosa paloma o de un maldito mimo, la cuestión es apretar el disparador una y otra vez, sin descanso. No lo soporto. No soporto tener que lidiar con mil y un objetivos mientras camino por la calle. No soporto imaginar que aparezco en fotografías que nunca veré. A veces me tapo la cara con la mano simulando rascar mi entrecejo, aunque con frecuencia lo que hago es mirar hacia otro lado otro lado cuando veo que una cámara apunta hacia donde me encuentro. Pero esto no sirve de mucho. Mira uno para otro lado y, allí, en ese otro lado, aparece enseguida un nuevo turista apuntándote con otra maldita cámara. Aunque suene disparatado, creo que deberían prohibir llevar cámaras a los turistas. De la misma manera que en el salvaje oeste el sheriff exigía a los forasteros entregar sus armas para entrar en el pueblo, en Barcelona las autoridades deberían hacer acopio de cámaras fotográficas en el aeropuerto y las estaciones. Hablo de las autoridades sanitarias, esas que tanto advierten para otras cosas y olvidan la salud mental del ciudadano que sale a pasear y se encuentra con toda esa impertinencia fotográfica campando a sus anchas. Para poder utilizar una cámara de fotos en Barcelona, debería uno llevar empadronado en la ciudad varios años o mostrar alguna acreditación como fotógrafo profesional. Los turistas que fuesen cazados haciendo fotos serían multados al instante, aunque las fotos las hiciesen con un teléfono móvil. No habría excusa. No debería haber flexibilidad con esas normas. Para mí, todos esos turistas con sus cámaras de fotos están a la altura de las personas que no recogen las heces de sus mascotas y te obligan a caminar esquivando esas apestosas minas. En última instancia, como escarmiento para turistas reincidentes, podrían ser azotados en algún lugar público y, en casos extremos, utilizar incluso alguna de aquellas antiguas máquinas chinas de tortura para hacerles entrar en razón de una vez por todas.

St. Sebastian, pintura de Antonello de Messina