jueves, 25 de mayo de 2017

YA NADIE ME LEE



 

Ya nadie me lee.

Debe leerse esta frase sin la menor nostalgia.

Ya nadie me lee porque ya no escribo. Ya no escribo porque ya nadie me lee. 
Parece un buen pretexto para dejar de escribir. Casi un trabalenguas. Podría ser la coartada perfecta. El lenguaje trabado. Siempre he buscado una buena excusa para no sentirme mal cuando dejo de escribir durante una larga –largísima- temporada. Ya nadie me lee y no pienso demasiado en ello. Cuando lo hago, cuando pienso en ello sin la menor nostalgia, me digo que La Escritura es quien manda. Ya no escribo porque yo no mando. La Escritura es quien dicta lo que escribo. A veces pasa junto a mí, acaricia mi cuero cabelludo con sus largos dedos, dice algo que no entiendo muy bien. Pero enseguida se aleja. No me da tiempo a despertar del sueño. Cuando lo hago, cuando despierto sin la menor nostalgia, me digo que ya nadie me lee. Me digo que ya nadie me lee porque ya no escribo. Me digo que ya no escribo porque ya nadie me lee. Me lo digo hasta el infinito. Y más allá.

Después, cuando ya no pienso en que ya nadie me lee, escribo.



(Fragmento de mi libro inédito El lenguaje trabado)