miércoles, 5 de julio de 2017

LOS INCENDIOS DEL HABLA



 Dibujos de Michael Borremans


Nunca he sido un gran conversador. 
Las palabras no salen de mi boca con facilidad. 
Tengo que darles un empujoncito, escupirlas con disimulo, como quien tiene algo en su boca que ha entrado allí sin ser visto.
Pero es sencillo. Divido a las personas en dos tipos: con las que me resulta fácil hablar y con las que me resulta imposible hablar. No tiene nada que ver con compartir aficiones, inquietudes, ideas políticas. Simplemente hay personas con las que me pongo a hablar sintiendo el habla como algo tan fluido como agradable, y personas con las que el habla se convierte en algo realmente molesto, como una enfermedad o un accidente, como una faringitis o un esguince de tobillo. 
Luego están las personas que, viendo que soy poco hablador, me azuzan para que hable. Suelen ser personas que hablan mucho y siempre tienen una opinión fundada sobre cualquier tema. A esas las evito. No me molesto en contestarles. 
En mi cerebro suena una alarma contra los incendios del habla. 
Y huyo. 
Hacia adentro.


Pinturas de Michael Borremans: