Llevo una semana alimentándome de poesía y chocolate. Leo un poema de Wistawa Szymborska al día y, mientras lo leo, me como una onza de chocolate. No sé si es una dieta saludable, pero es mi dieta y, de momento, me sienta bien, tan bien como el hecho de dibujar círculos en el aire durante una tarde de domingo. El chocolate que tomo, me lo han traído de Venezuela y es de la marca Mis Poemas. Es un chocolate artesanal elaborado con cacao de Barlovento, seleccionado, fermentado y secado al sol, para resaltar su aroma y su sabor. Es producido en pequeños lotes sin aditivos industriales como vainilla, lecitina, o grasas vegetales. Utilizan pura manteca de cacao para garantizar su pureza. El cacao de Barlovento está considerado como uno de los mejores cacaos del mundo. Tomar una onza de ese chocolate mientras leo un poema de Wistawa Szymborska me da suficiente energía para pasar el resto del día en ayunas, sin probar bocado alguno. Mientras escribo esto, mastico el chocolate muy lentamente y leo un poema titulado Vermeer:
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Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.





