jueves, 5 de marzo de 2009

Monedas para el autobús

Mendigo ciego, fotografía de Dora Maar (27 x 23 cm, gelatinobromuro de plata sobre papel, 1934)
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Un dependiente de El Corte Inglés de Barcelona llamado Aurelio Tarteto, cuarentón, flaco y desgarbado, se sienta en la marquesina del autobús cada mañana a las ocho menos cuarto.

Allí, mientras observa pasar alguna nube y, boquiabierto, escucha como bosteza la ciudad, le da por pensar en que si no tuviese ojos, es más que posible que optase por suicidarse. Recapacita sobre el hecho de que, si un mal día, de golpe y porrazo, perdiese la vista y los médicos le dijesen que no existiría posibilidad alguna de recuperarla, se quitaría la vida sin dudarlo.

También le da por pensar en que no se suicidaría si perdiese otro sentido. Si perdiese el oído, el olfato, el gusto o el tacto, no le daría por quitarse la vida. El único sentido que le hace pensar en el suicidio tras imaginar su perdida, es el de la vista. Los demás no le preocupan tanto. Le gusta mucho la música y sabe que llevaría mal el hecho de perder el sentido del oído, llevaría mal el hecho de no poder escuchar a Bach recostado en el sofá como hace cada día cuando llega a casa tras otra tediosa jornada laboral. Lo llevaría mal pero no se suicidaría por ello. Piensa que siempre podría tararear mentalmente sus composiciones preferidas.

El resto de los sentidos, comparados con la vista y el oído, no le preocupan, los considera prescindibles. Le da por pensar incluso en que le gustaría vivir tan sólo con la vista y el oído, olvidarse de una vez por todas, para siempre, de apestosos olores, agrios sabores y desabridas texturas. Si se pudiese extirpar el olfato, el gusto y el tacto como quien se extirpa el apéndice, lo haría sin el menor miramiento.

Todo esto piensa Aurelio Tarteto allí, cada mañana, en la marquesina del autobús, mientras observa pasar alguna nube y, boquiabierto, escucha como bosteza la ciudad.

Pero, algún que otro día, si ninguna nube pasa o el cielo está encapotado, disfruta acariciando con las yemas de sus dedos las monedas que lleva en el bolsillo.

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Los Heramanos Marx
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El lazarillo de Tormes, pintura de Francisco de Goya
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3 comentarios:

39escalones dijo...

A veces se agradecería que los empleados de El Corte Inglés no pudieran vernos, oírnos o hablarnos...
Saludos.

carmen dijo...

Viendo el cuadro del Lazarillo de Tormes de Goya, me he acordado del coloso.Supongo que ya lo habrás leído, pero por si no es así,te cuento: Asensio Juliá al que ahora parece,¿ o todavía no?, se le atribuye la autoría de dicha obra,disfrutará en 2010 en Valencia,de una exposición. Aunque Manuela Mena, jefa de conservación del siglo XVIII en el Prado,lo dejó claro ,diciendo que por la pobreza de la técnica,la luz y el colorido ,así como por su marcada diferencia con otras obras de contrastada atribución a Goya,le hicieron llegar a la conclusión de que dicho cuadro había salido de la paleta de un seguidor del famoso pintor ¿Estará dentro de esa exposición de Juliá el Coloso? Saludicos

Pili R. dijo...

Si mañana me encuentro con Aurelio en el Corte Inglés de BCN, le recomendaré que si tiene un poco de vista, ante todo conserve su olfato.

Pili R.
(desde El Corte Inglés - Barcelona, con amor y con el sudor de mi frente...)