martes, 23 de noviembre de 2010

TARIFAS DE LARGA DISTANCIA

pintura de Edward Hopper


El tren abandona la estación. Yo no voy en él. Veo como se aleja y después miro el billete, en mi mano. Debería ir en ese tren, me digo. Tengo un billete para ese tren pero veo como se aleja. He llegado tarde. Nada más llegar he visto como el tren se ponía en marcha. No he tenido tiempo de subir al vagón correspondiente. Ahora veo como se aleja y me digo que tenía un asiento en ese tren. Pienso en ese asiento vacío. Pasará el revisor y tal vez le extrañe que falte un pasajero. Ese pasajero que pude ser yo. Nadie más se dará cuenta. Tan sólo el revisor tachará mi asiento en su libretita. Mi asiento será un tachón en su lista de pasajeros. Me veo ya convertido en una tachadura de tres al cuarto, en una equis cualquiera. El tren se aleja. Sigo de pie, en el andén, observando su acelerada marcha. De vez en cuando miro también el billete, en mi mano. No sé que hacer con él. Hace un par de minutos tenía un valor, servía para algo. Ahora tan sólo es un papel inútil. No acabo de creérmelo. También es inútil mi situación: mirando el tren alejarse con el billete en mi mano. Parezco albergar cierta esperanza de que regrese. Pero sé que no lo hará. Se ha convertido ya en un punto imperceptible en mitad del horizonte. Me digo que aquel punto tenía un asiento para mí. Me digo que debería ir sentado en aquel punto imperceptible. Me digo que aquel punto debería transportarme a otro lugar, lejos de aquí. Eso pienso hasta que el tren desaparece por completo de mi campo de visión. El billete continúa en mi mano. Lo miro una vez más. Veo un papel inútil sumido en un gesto inútil. Sé que no muy lejos hay una papelera. Clavo mi mirada en ella con una inquina salvaje; la observo entornando mucho los ojos. Tan sólo debería dar cinco pasos, estirar mi mano y luego abrirla. El billete caería dentro. Sería muy fácil. La acción más fácil del mundo. Demasiado fácil para mi gusto. Así que doblo el billete por la mitad utilizando para ello la uña de mi dedo pulgar y la yema de mi dedo índice, presionando de manera longitudinal el pliegue que se ha formado al juntar los dos extremos del papel. Después lo introduzco en el bolsillo de mi pantalón mientras pienso en lo mucho que deseaba irme. Sólo eso. Marcharme. Poco más.

(Fragmento perteneciente a mi novela Tarifas de larga distancia)





pintura de Edward Hopper



3 comentarios:

Francis Black dijo...

Cinco novelas, ¿están todas publicadas? Donde se pueden comprar. Gracias.

ÁLEX NORTUB dijo...

No están todas publicadas, pero... este tipo de preguntas prefiero responderlas a través de e-mail: alexnortub@gmail.com
Gracias

Puri dijo...

¿Haba otro tren? ¿Habrá otro billete en tus manos? La próxima vez el revisor no te echará de menos. Estarás en ese vagón, que te llevará muy lejos. Donde tus palabras te dejen llegar.
Me has dejado con las ganas de saber como sigue esta novela