miércoles, 3 de septiembre de 2014

LOS LÍMITES DE LA REALIDAD

Carole Lombard, Supernatural, 1933


Lo confieso, en ocasiones hablo solo. Supongo que todos hablamos solos, aunque sea mentalmente. A veces se trata de una misma y obsesiva conversación, sobre algún conflicto en el trabajo, o con la pareja o sobre fútbol o sobre política internacional o sobre lo que uno debería hacer al día siguiente. Pero me pregunto dónde se encuentra el límite para que esos soliloquios no sean consideramos simple y vulgar locura. 
Aunque algo sí que tengo claro: mientras tema volverme loco no estaré loco.