miércoles, 27 de mayo de 2009

Allí, al otro lado (3)

John Agar
.
.
.

3. El tercer día me digo que no pienso mirar mi buzón, que ya se está convirtiendo en algo enfermizo esto de entrar y salir para ver si he recibido algún mensaje de la dirección de un periodista muerto al que apenas puedo decir que conociese.

Decido que hoy mi relación con el ordenador tan sólo consistirá en algo de trabajo y alguna visita a ciertos blogs a los que soy asiduo. Así que visito el de Alfredo Moreno, un blog de cine llamado 39 Escalones, que nunca me defrauda y en el que leo un jugoso diálogo de una película de Wim Wenders. Después entro en otro blog, llamado Hasta Elena. Allí leo con delectación varios fragmentos de una entrevista realizada por Luís Izquierdo al escritor Antonio Lobo Antunes, fragmentos elegidos por Elena con gran acierto, fragmentos que no tienen desperdicio, fragmentos como, por ejemplo:

El oficio de escribir es un oficio de pobres. Lo haces con cosas ínfimas que los otros no quieren, miradas, pequeños acontecimientos, cosas que se acumulan silenciosamente dentro de ti y luego aparecen en el texto.

Después, ya por la tarde, salgo a la calle con la idea de airearme un poco pero sin tener muy claro a donde ir; camino sin rumbo, doy una vuelta a la manzana, entro en una pequeña librería que rara vez tiene algo interesante a la vista y, cansado de sentirme perdido, regreso a casa.

Una vez allí, aunque me digo que esta mañana me dije, muy serio, con severidad incluso, que no miraría el buzón, me desobedezco y enciendo el ordenador y accedo a ese receptáculo y de nuevo temeroso compruebo que los mensajes que he recibido, doce en total, no me interesan en absoluto.

4 comentarios:

Flavia Company dijo...

He leído con fruición tu historia en "entregas" sobre el mail enviado a ese periodista fallecido que te caía simpático y me viene a la cabeza algo que me ha sucedido algunas veces, algo tremendo, que es encontrarme en el móvil con el número de alguien que ya nunca va a poder contestarme; y el tiempo que he tardado en borrar esos números, como si borrarlos fuera matar más aún a los muertos; como si todavía fuera posible llamarlos; como si fuera una falta de respeto quitarlos de ahí.

Álex Nortub dijo...

Debe ser en verdad algo tremendo, Flavia. A mí todavía no me ha pasado lo del móvil, pero lo de la dirección de correo sí, y pensar en ello, en enviar un primer e-mail a la dirección de un muerto, pensar en qué habrá al otro lado, ha hecho que me sienta extrañamente atraído por la idea de que los fantasmas siempre terminan por aparecer tras una muerte. La verdad es que no me sentía unido de manera afectiva a esa persona, creo que eso me hace verlo de otra manera, creo que si el fallecido fuese alguien cercano nisiquiera se me ocurriría mandar el mensaje.
No pretendía que esto fuese más allá de un primer texto, de una reflexión, pero ahora creo que se va a terminar alargando.
Aunque no tengo ni idea de a donde me llevará, ni si tiene mucho sentido.

carmen dijo...

Si que tiene sentido,si.
Esta muy interesante.
Sigue escribiendo por favor.
Saludicos.

39escalones dijo...

La tentación es muy fuerte y te sigue llamando hasta que otra la sustituye. Podías probar a mandar otro correo... Anda, que como te conteste, mi opinión sobre las limitaciones de internet habrá de cambiar.
Saludos.