jueves, 10 de diciembre de 2009

ESAS GUARIDAS EN QUE SE CONVIERTEN LAS FOTOGRAFÍAS CAPACES DE GENERAR SUEÑOS QUE MÁS TARDE LE ASALTARÁN A UNO MIENTRAS PASEA POR UN PARQUE

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Esta noche he soñado con un hombre que permanecía sentado en el campo. Sus manos tapaban sus orejas y un parche ocultaba uno de sus ojos. Al despertar, durante unos segundos, he tenido presente esa imagen, pero enseguida se ha esfumado y no he vuelto a recordarla hasta media mañana. La he recordado mientras paseaba por un parque prácticamente desierto. He visto a un hombre sentado en uno de los bancos del parque con sus manos tapando sus orejas pero sin parche alguno ocultando uno de sus ojos y, de pronto, he recordado la imagen del sueño con gran nitidez. Ha sido como una especie de sacudida mental. He llegado a tambalearme cuando he recordado el sueño. Allí, en el sueño, el hombre permanecía sentado en el campo, absorto, mientras a lo lejos se intuía una silueta de mujer que parecía alejarse. Se escuchaba el viento, silbando. La mujer, alejándose, gritaba algo al hombre, pero este, con sus manos tapando sus orejas, parecía no querer escucharla, parecía no querer escuchar el silbido del viento, parecía no querer saber nada de la realidad.

Cuando he recordado el sueño también he recordado que esa imagen de un hombre sentado en el campo, con sus manos tapando sus orejas y un parche ocultando su ojo derecho, era una imagen que había visto antes en alguna parte. De camino a casa no he dejado de pensar en ello. Al llegar he desordenado las estanterías y el armario de la sala, lo he puesto todo patas arriba hasta que he encontrado la imagen que aparecía en mi sueño. Sin apenas darme cuenta, esa imagen me ha llevado a pensar en otra imagen, y también la he buscado, y esa otra imagen me ha llevado a otra, y esa otra a otra, y a otra más, y a otra, y a otra… hasta que me he visto rodeado de libros y revistas en las que aparecían muy diferentes personas con parches en sus rostros, mirándome fijamente con un solo ojo, como si se hubiesen puesto de acuerdo para gastarme una broma.

Entonces ha empezado a picarme el ojo derecho, ha empezado a escocerme de una manera realmente molesta. Lo he frotado un par de veces y el escozor ha aumentado. Después lo he cerrado y, así, de esta manera, la desazón ha disminuido considerablemente. Pero se me ha ocurrido abrirlo de nuevo y el escozor ha vuelto a atacarme. Así que lo he vuelto a cerrar, envidiando los parches de todas esas personas que me miraban desde sus guaridas, esas guaridas en que se convierten las fotografías capaces de generar sueños que más tarde le asaltarán a uno mientras pasea por un parque prácticamente desierto.




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James Joyce

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James Joyce fotografiado por Berenice Abbott
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. Fritz Lang
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John Ford
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John Wayne
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Nicolas Ray
en la película Relampago sobre el agua, de Wim Wenders
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John Goodman
en la película O Brother, de los hermanos Cohen
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Vadim Zakharov

http://vadimzakharov.com/
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Miss Astrid

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Kurt Russel como Snake Plissken

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Nadine Hurley,

personaje de la serie Twin Peaks, de David Lynch

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Daryl Hanna
en la película Kill Bill, de Quentin Tarantino

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David Bowie
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Johnny Kidd & The Pirates
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martes, 8 de diciembre de 2009

CIENTO QUINCE AÑOS SE ESCRIBE RÁPIDO

Elzie Crisler Segar
(1894-1938)
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Elzie Crisler Segar fue el creador de Popeye.

Cuando escribo esto se cumplen 115 años de su nacimiento.

Sí, el Sr. Segar nació un 8 de diciembre, un 8 de diciembre de 1894 en la soleada ciudad de Santa Mónica, California. Resulta que el Sr.Segar, en su adolescencia, trabajó como proyeccionista en un cine, esto hizo que sus primeras historietas se viesen inspiradas por películas cómicas del cine mudo, especialmente las de Charles Chaplin y las de Buster Keaton. Para mí Popeye significo mucho en mi infancia, era mi héroe, el héroe por excelencia. Yo soñaba con ser como Popeye. Así que con el tiempo descubrí que el Sr. Segar había sido su creador y le admiré tanto como a su dibujo. Durante un tiempo dejé de querer ser como Popeye y deseé ser como Elzie Crisler Segar, dedicarme a dibujar, llegar a ser dibujante de cómics. Esto duró unos años pero, tras no conseguir que mis aptitudes dibujísticas progresasen adecuadamente, pronto volví a querer ser como Popeye. Hubo un tiempo (aunque de esto hace ya muchos años) en que me compré incluso una gorra de marinero y una pipa y me tatué un par de anclas en mis antebrazos y me fui, así, ataviado como el famoso marinero, a caminar por el paseo marítimo de Mataró. Tras hacer esto durante un par de meses, la gente empezó a conocerme como El Popeye de Mataró. Sí, poco a poco fui labrándome una reputación. Muchas eran las personas que, cuando me cruzaba con ellas por el paseo, me saludaban con un Hasta luego, Popeye o con un Buenas tardes, Popeye o, incluso, con un Qué tenga un buen día, Don Popeye.

Yo, como no podía ser de otra manera, con mi boca bien torcida, mientras daba unas chupadas a mi pipa, les devolvía el saludo y les regalaba la mejor de mis sonrisas.

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Elzie Crisler Segar
con gorra y pipa





sábado, 5 de diciembre de 2009

EL PORQUÉ DE MIS TOSTADAS

Toast eater (2008)
Jocelyn Hobbie
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Los domingos nos gustaba desayunar tostadas. Las untábamos primero con mantequilla y después les poníamos mermelada de ciruela. Era una mermelada casera, hecha a partir de las ciruelas que habíamos recogido con nuestras propias manos en los alrededores de la masía. Tras diez años de idéntico desayuno dominical, sin probar las tostadas ningún otro día de la semana, un domingo ella dijo que no, que no le apetecía nada tomar tostadas. A mí aquello me sonó extraño pero no le di mayor importancia, continué leyendo en el periódico la última entrega del Dietario voluble de Enrique Vila-Matas y saboreando, esta vez en soledad, aquellas magníficas tostadas con mantequilla y mermelada de ciruela casera. A los pocos días -creo que era miércoles, desde luego no era domingo- la vi enchufando el tostador y, al mismo tiempo, tarareando una canción de Scott Walker. Minutos después, cuando me encontraba yo pensando en que a ella nunca le había gustado Walker, incluso que lo aborrecía, se dio media vuelta y la vi allí, con la tostada en la mano, sus uñas pintadas de rojo, la mirada perdida y la boca entreabierta mientras tarareaba aquella canción de Scott Walker.

Fue entonces cuando comprendí que ya no era ella, que, por mucho que me pesara, tan sólo podía hacer una cosa, buscar de inmediato en Internet el teléfono del mejor exorcista de la ciudad. Pero fue demasiado tarde, cuando quise acercar mi mano al teclado del ordenador, ella se abalanzó sobre mí y me asestó un mordisco en la nariz. Así que ahora, con mi nariz deformada desde entonces, también yo tomo tostadas todos los miércoles mientras tarareo, intentando no desafinar demasiado, algunas viejas canciones de Scott Walker.





viernes, 4 de diciembre de 2009

MADRE MÍA DEL AMOR HERMOSO!!!

Josephine Hopper Besquest,
(Retrato de la madre del artista, Edward Hopper)
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Madre mía del amor hermoso! Acabo de descubrirlo! Sí, lo he descubierto yo solito, sin ayuda de nadie, sin la ayuda de google ni de la wikipedia. Madre mía del amor hermoso! Lo he descubierto así, de pronto, ha sido como una revelación celestial, divina. Sí, creo que ha sido una revelación celestial, seguro, algo a tenido que ver el cielo en todo esto, en el hecho de ser el elegido para descubrir una nueva corriente artística, un movimiento velado, un nuevo ismo que ha permanecido oculto durante siglos, un nuevo ismo que es en realidad el más antiguo de los ismos. Madre mía del amor hermoso! Sí, así es, estoy hablando, señoras y señores, del Maternalismo. Sí, han leído bien, creo, Ma-ter-na-lis-mo. En qué consiste, se preguntarán todos ustedes mientras rascan sus mentones. Pues digamos que muchos han sido los artistas que han captado las miradas, gestos y acciones cotidianas de sus madres. Así es, de eso hablo, de una corriente artística que consiste, simplemente, en retratar a la persona que a uno le trajo al mundo, esto es lo que une a Los Artistas Maternalistas, la desmedida devoción que sienten por sus madres, el haberlas retratado en alguna ocasión y un exagerado complejo de Edipo. Madre mía del amor hermoso! Sí, así es, deberíamos hablar de un arte maternal. Madre mía del amor hermoso! Un movimiento heredado, de siglo en siglo, que ha ido conformándose ocultamente. Sí, algo así como la Masonería, pero en corriente artística, claro, sí. Madre mía del amor hermoso! Desde Alberto Durero hasta Andy Warhol muchos han sido los artistas que se han sumado al carro del Maternalismo. Aunque haya permanecido oculto es, sin duda, un movimiento que debería se tan valorado como el dadaísmo, el surrealismo, el cubismo, el futurismo, el fauvismo o el expresionismo. Miembros de esta extraña secta han sido artistas tan famosos como Rembrandt, Reni, Whistler, Van Gogh, Hopper, Picasso, de Chirico, Dalí, Freud o Hockney.

Madre mía del amor hermoso! Lo que he descubierto. Sí. No cabe duda, nadie puede negarlo.

Pero, al fin y al cabo, como bien dijo Tristan Tzara:

¡Miradme bien!

Soy un idiota, soy un farsante, soy un bromista.

¡Miradme bien!

Soy feo, mi cara es inexpresiva, soy bajito.

¡Soy como todos vosotros!

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Madre del artista
(Durero, 1514)


Madre del artista
(Guido Reni, 1612)


Madre del artista
(Rembrandt, 1630)



Madre del artista
(Christen Kobke, 1829)



Madre del artista
(James Whistler, 1871)




Madre del artista
(Seurat, 1882)




Madre del artista
(Toulouse Lautrec, 1883)



Madre del artista
(Van Gogh, 1888)




Madre del artista
(Picasso, 1896)



Madre del artista
(Franz Marc, 1902)



Madre del artista
(Edward Hopper, 1916)




Madre del artista
(Dalí, 1020)



Madre del artista
(Giorgio de Chirico)



Madre del artista
(Giacometti, 1960)



Madre del artista
(Lucian Freud, 1972)



Madre del artista
(Andy Warhol, 1974)



Madre del artista
(David Hockney, 1989)



miércoles, 2 de diciembre de 2009

COSAS INCREÍBLES

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Existen días en los que suceden cosas increíbles. Cosas que hacen que uno esté contento. Suelen ser cosas que, si uno lo piensa con detenimiento, no son tan increíbles como pueden parecer. Pero, por otro lado, son cosas que hacen que uno desee pasar media tarde dando saltos de alegría, brincando hasta que el vecino de abajo suba a llamarle a uno la atención, brincando hasta que las piernas no respondan, brincando sin ton ni son, como un canguro borracho en mitad del desierto. Sí, existen esos días, esos días en que uno desborda adrenalina, serotonina y dopamina a partes iguales. Sí, esos días en los que suceden cosas increíbles que, si lo piensas con detenimiento, no son tan increíbles, uno tiene adrenalina, serotonina y dopamina para dar y regalar. Sí, es así, no engaño a nadie. Si pudiese embolsarlas, regalaría por la calle estas deslumbrantes sustancias que segrega nuestro cerebro. Esos días en los que suceden esas cosas increíbles, la adrenalina, serotonina y dopamina se me salen por las orejas. Lo pongo todo perdido con tanta sustancia borboteando por mis oídos. Y lo peor es que luego hay que limpiarlo. Esto es lo único que no me gusta de esos días en los que suceden cosas increíbles que, si uno lo piensa con detenimiento, no son tan increíbles como puedan parecer.

Por lo demás, son días de lo más placenteros.

Cuando terminan, duermo a pierna suelta.

Y nunca sueño contigo.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

lunes, 23 de noviembre de 2009

NADA ME GUSTARÍA MÁS QUE SER UNA CAJA DE SORPRESAS

Punchinello with block, pintura de David Hockney
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Nada me gustaría más que ser una caja de sorpresas,

una de esas enormes cajas de sorpresas que impresionan nada más verlas.

Nada me gustaría más que verme engalanada con un enorme lazo rojo,

uno de esos enormes lazos rojos que abarcaría mis cuatro costados.

El rojo me sienta bien, de eso no hay duda.

Nada me gustaría más que ser dejada ante tu puerta,

hacer tiempo hasta que te des cuenta de que estoy ahí,

a tu entera disposición.

Nada me gustaría más que el hecho de ser descubierta con extrañeza,

no me importaría incluso ser descubierta con cierto recelo.

Nada me gustaría más que ser finalmente introducida en tu casa,

y, enseguida, ser abierta por tus manos, expectantes, temblorosas, como flanes.

Nada me gustaría más, entonces, que ver tu rostro pasmado al abrirme.

Eso es lo que más me gustaría, observar tu rostro pasmado, deslumbrado,

aunque al abrirme descubrieses que estoy vacía,

y acercases tu cara hacia mí sin entender nada,

y comprobases que en mi interior tan sólo hay una cantidad indeterminada de aire,

ese aire que no tardará en introducirse en tus plumones,

que no tardará en llegar a tu sangre,

en ser parte de ti.

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Parade, pintura de David Hockney

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David Hockney en su estudio



jueves, 19 de noviembre de 2009

¿DEBERÍA UNO HALLAR RESPUESTAS?

The old typewriter (1999)
Pintura de Avigdor Arikha
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¿Debería uno escribir como si fuese otro? ¿Debería uno tomar cierta distancia, poder leer lo que ha escrito como si hubiese sido escrito por ese otro? ¿Debería uno escribir frente a un espejo? ¿Debería uno escribir al revés y releer lo que ha escrito reflejado en ese espejo? ¿Debería uno escribir sin pensar en lo que escribe? ¿Debería uno pensar sin escribir lo que piensa? ¿Debería uno escribir como si la vida le fuese en ello? ¿Debería uno escribir como si eso que escribe fuese lo último que vaya a escribir en su vida? ¿Debería uno dejar de escribir si lo que escribe no está escrito como si fuese lo último que vaya a escribir en su vida? ¿Debería uno escribir infringiendo la ley? ¿Debería uno escribir aunque lo que escriba no vaya a ser leído por nadie? ¿Debería uno escribir sentado en la terraza de un café? ¿Debería uno escribir en el metro? ¿Debería uno escribir mientras viaja en avión? ¿Debería uno escribir recostado en un sofá? ¿Debería uno escribir olvidando su nombre, su cuerpo, sus manos, sus dedos y hasta sus uñas? ¿Debería uno escribir con el método Stanislavsky? ¿Debería uno escribir desnudo? ¿Debería uno escribir haciendo el pino? ¿Debería uno escribir rodeado de libros? ¿Debería uno escribir como si escribiese su testamento? ¿Debería uno escribir como quien escribe la lista de la compra? ¿Debería uno escribir como un asesino en serie? ¿Debería uno escribir expulsando demonios y culebras? ¿Debería uno escribir irradiando un sin fin de arco iris alucinados? ¿Debería uno escribir en el suelo? ¿Debería uno escribir contra algo? ¿Debería uno escribir a favor de algo? ¿Debería uno escribir por escribir, sin esperar terminar lo que escribe? ¿Debería uno escribir con dolor de cabeza o dolor de muelas? ¿Debería uno escribir placidamente, cuando no siente en su cuerpo ni el menor atisbo de dolor? ¿Debería uno escribir con la mente en blanco y la luz apagada para que así el blanquecino candor de su mente termine por iluminar hasta el último resquicio de la estancia en la que permanece escribiendo?

¿Debería uno preguntarse para qué tanta pregunta?

¿Debería uno preguntarse por qué escribe?

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Otra pintura de Avigdor Arikha
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Una vez más, una pintura del gran Avigdor Arikha