jueves, 22 de enero de 2009

Espacio de artista (VIII): Otto Dix

Otto Dix (1891-1969)
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Los pintores suelen mostrarse recelosos en lo que atañe a la intimidad de sus lugares de trabajo. Acostumbran a ocultar los entresijos del proceso creativo como si fuesen los trucos de un mago. No suelen permitir que se les observe mientras pintan. Si lo hacen, si consienten ser observados mientras pintan, es bien sabido que tan sólo fingen pintar, embadurnan el lienzo y mueven el pincel con gracia como si pintasen, fruncen el ceño y se alejan y entornan sus ojos mirando la tela con interés, pero, hasta que no se encuentran solos, hasta que no te has ido, no pintan, tan sólo simulan estar pintando. Esto sucede así desde que el hombre es hombre y se instaló en una cueva a pintar ciervos. Aunque siempre hay alguna excepción, como el caso del pintor alemán Otto Dix, que disfrutaba pintando mientras era observado. A Otto Dix le encantaba, le gustaba mucho estar acompañado mientras pintaba, que no le quitasen el ojo de encima. Por eso centró su obra en el género del retrato, para tener siempre a alguien cerca y realizar numerosos dibujos preparatorios de sus modelos y huir así de la característica soledad del taller de un pintor. Soledad a la que Otto Dix tenía pánico. Un pánico derivado de las dos grandes guerras que le tocó vivir en Alemania. Al estallar la Primera Guerra Mundial fue llamado a filas, pero en 1918 resultó herido en el cuello y tuvo que abandonar el campo de batalla. Así, y no de otra manera, adquirió el pánico a la soledad. Un pánico reflejado a menudo en sus pinturas, dibujos y aguafuertes, en los que retrató escenas bélicas y el declive de la vida social de la ciudad de Berlín, con imágenes a menudo grotescas en las que aparecían, en la misma escena, prostitutas, marineros, ricos empresarios, mutilados de guerra… siendo acusado dos veces de obscenidad y pornografía.

De la misma manera que le encantaba que le observasen mientras pintaba, también le gustaba a Otto Dix que le fotografiasen en su estudio. Siempre posó de perfil. Nunca de frente. Nunca dejó que retratasen su cara de frente. Quizá para no mostrar alguna cicatriz. Quizá para no mirar a los ojos del objetivo de la cámara. Quizá, quién sabe, por mera coquetería, siendo consciente de que era poseedor de un apuesto y deseable contorno fisonómico.


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Martha y Otto
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PINTURAS de Otto Dix:
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