viernes, 4 de septiembre de 2009

UNA BUENA SEÑAL


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Durante los últimos tres meses, he comprado cada día el periódico Le Monde. El lugar en el que compraba el periódico Le Monde funcionaba también como papelería y estanco. Nada más entrar allí, me regocijaba cada día en el maravilloso olor a tabaco fresco que se respiraba en el ambiente. Y las manos me empezaban a temblar. Y, a veces, una gota de sudor recorría mi frente con lentitud, avisándome. Hace ya cinco años que deje de fumar y todavía se enciende un interruptor en mi cerebro que me empuja a soñar con un cigarrillo entre mis dedos tras haber inhalado una buena bocanada de humo infecto. Pero era solo cosa de un instante. Lo llevé lo mejor que pude. Rápido se me pasaba. Procuré no darle importancia. Sólo tenía que decirme que no me haría bien, que sería como darle lejía a un niño, o algo peor. Lo de la lejía me lo decía porque junto al lugar en el que compraba el periódico Le Monde, había una farmacia, y en el escaparate de la farmacia veía siempre uno de esos carteles en los que se avisa del peligro que corren los niños si se les deja a mano algún producto nocivo para su salud. Así que eso era lo que me repetía, que no me haría bien, que sería como darle lejía a un niño, o algo peor.

Acabo de darme cuenta de que en la “novela” que he terminado de escribir no menciono en ningún momento el tabaco.

No cabe la menor duda.

Es una buena señal.



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6 comentarios:

Mercè dijo...

Mis felicitaciones por vencer las tentaciones. Yo aún no lo he conseguido, pero estoy en ello y espero haberlo conseguido antes de dos meses. El olor a tabaco de los estancos es una invitación al vicio más absurdo. Si señor. Solo lo pueden entender los que fumamos y los que ya lo han dejado.

carmen dijo...

Los que hemos sido fumadores sabemos bien lo mal que se pasa cuando entras en un estanco.
Ahora ,una vez vencido ,es una gozada verte liberado de su dependencia.
Yo hace diecinueve años que lo dejé y es una de las cosas por la que me siento la mar de orgullosa.
Alex,vaya veranico relajado que te has pasado.¡ Que bien por ti !!.
Todo un logro que habiendo sido fumador,en tu novela ,según dices,no sale ni un cigarrillo...
Saludicos sin humo.

estíbaliz... dijo...

Y qué me dice usted de los sueños? Cuánto fuma usted en sus sueños?

Sin ir más lejos, yo he fumado como media cajetilla en 15 años de sueños.

Cuánto echamos de menos sus historias en esta canícula inclemente, Nortub!

Álex Nortub dijo...

1. Vencer las tentaciones, Mercé, todavía me cuesta, pero lo voy consiguiendo a base de chicles de mentol y vahos de eucalipto una vez al día.

2. Carmen, no lo he pasado nada mal este verano, es cierto, diré, incluso, que he disfrutado mucho este verano, más de lo que esperaba.

3. Sí, Estíbaliz, en los sueños continúo fumando como un carretero; en los sueños fumo tanto como asesino. Es lo que más se repite en mis sueños: el fumar y el asesinar. A veces, en mis sueños, hago las dos cosas al mismo tiempo.

39escalones dijo...

¿Seguro que era por el tabaco y no por las noticias del periódico? Lo digo porque yo nunca he fumado, pero cuando entro a un quiosco me pongo igual de tenso, incluso más. Y ahora con tanto fascículo rozo la crisis nerviosa.
Saludos.

Álex Nortub dijo...

Los fascículos son peligrosos, Alfredo, es cierto. Cuando uno los ve allí, por el suelo, dan ganas de empezar a darles patadas hasta llegar al agotamiento más extremo.