lunes, 24 de noviembre de 2008

Una confesión

Ramón Casás y Santiago Rusiñol retratándose (S. Rusiñol, 1890)
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Quise ser pintor. Sí. Cuando tenía veinte años. Se me metió en la cabeza ponerme a pintar. Pintar no es lo mismo que ser pintor. Yo me puse a pintar pero no llegue a ser pintor. Hice incluso una exposición en un bar. Vendí dos cuadros. Uno lo compró mi tía Leonor. El otro un amigo de mis padres. Un día me dije que no merecía la pena seguir pintando si no era capaz de hacer algo que no hubiese sido hecho antes y que fuese de una originalidad fuera de toda duda. Así fue como dejé de pintar. Dediqué todo un año de mi vida a pintar pero no llegué a ser pintor. Pintar no es lo mismo que ser pintor. Todavía conservo algunos de mis cuadros en el desván de la masía de mis padres. Alguna vez me topo con ellos y los desempolvo y los miro y me digo que no están nada mal pero que sin duda carecen de la originalidad que espero de cualquier pintura realizada por un pintor que dedique su tiempo a pintar. No siento la menor nostalgia por los días en que quise ser pintor. Era ingenuo y alocado. Me da la risa cuando recuerdo que quise ser pintor. Una risa entrecortada que nada tiene que ver con el sonido del viento durante un violáceo atardecer de noviembre.

2 comentarios:

estibalizes dijo...

Nortub, tal vez te consuele saber que muchos otros escritores como tú quisieron pintar, lo lograron y ahora engrosan las páginas de un libro que será carne y polvo y sombra y nada.

Aquí puedes echar un vistazo a las pincelezas de D.H. Lawrence, Lewis Carrol, Charlotte Brönte o Kafka.

http://www.adn.es/impresa/cultura/20081123/PGL-0004-escritores-pintura-donald-friedman/ADNIMA20081123_2350_withThumbs.html#photo_detail

Alex Nortub dijo...

Gracias, estibalizes, echaré un vistazo.