miércoles, 3 de diciembre de 2008

El puzzle

Pintura de Caspar David Friedrich
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Cuento de mi libro El triste festín (2002):
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EL PUZZLE

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Son las dos de la madrugada. Llueve como si ya nunca fuese a dejar de hacerlo. Al final de la calle, un poco más allá de la peluquería que hace esquina, dos hombres hablan bajo un paraguas. El hombre más alto, que viste de negro, es quien sujeta el paraguas. El otro, no mucho más bajo, lleva una gabardina beige y no deja de hacer aspavientos. Discuten. Discuten acaloradamente mientras el vaho sale de sus bocas. Sí, desde mi coche, mientras fumo, puedo ver como el vaho sale de sus bocas. En la radio suena una canción francesa. La canta una mujer pero no logro recordar a quien pertenece la voz. No es la voz de Edith Piaf. No es la voz de François Hardy. Dejo de pensar en la canción cuando veo que el hombre de la gabardina saca una pistola. El hombre más alto, que viste de negro y sujeta el paraguas, da entonces dos pasos hacia atrás. El otro, no mucho más bajo y con gabardina beige, se queda empuñando el arma bajo la lluvia. Así, mientras el agua cae con fuerza y no deja de golpear la mano con que sujeta la pistola, aprieta el gatillo. Dispara una vez, dos veces, tres veces. El hombre de negro cae al suelo encharcado y, antes de exhalar su último aliento, araña el asfalto como si intentase así agarrarse a esta vida. Entonces el hombre de la gabardina beige sube a un coche granate, lo arranca y sale calle abajo. También yo arranco mi coche y le sigo. Guardo cierta distancia pero le sigo. Le sigo durante veinte minutos hasta que, a las afueras de la ciudad, en un polígono industrial, desierto a esas horas de la noche, veo que el hombre de la gabardina beige aparca su coche junto a una nave de productos agrícolas. También yo lo aparco a pocos metros del suyo. Cuando apago las luces, el hombre de la gabardina beige baja de su coche y se dirige al mío. En el momento en que se encuentra ante la ventanilla, la bajo y le entrego un maletín. No cruzamos ni una sola palabra. Por no cruzar no cruzamos ni una fugaz mirada. Al día siguiente, a media tarde, me entregan el gran premio literario con el que siempre soñé. Mi contrincante, el escritor al que todas las quinielas daban como ganador, murió la noche anterior en extrañas circunstancias, tiroteado bajo la lluvia. Me muestro sonriente en el momento de recoger el premio, pero me molesta, y mucho, que no dejen de hablar y preguntarme por el escritor al que todas las quinielas daban como ganador, que murió la noche anterior en extrañas circunstancias, tiroteado bajo la lluvia. Ya veo los titulares del día siguiente. Titulares que mantendrán la noticia de mi premio en un segundo plano. Titulares en los que todo el protagonismo será para el escritor al que todas las quinielas daban como ganador, que murió la noche anterior en extrañas circunstancias, tiroteado bajo la lluvia. Y es que nunca sale todo como uno había soñado. Siempre, por pequeña que sea, hay una pieza del puzzle que se pierde por el largo sendero que lleva a la dicha.

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Escena de la película Camino a la perdición, de Sam Mendes

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Gene Kelly en la película Cantando bajo la lluvia

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya un texto que aparece hoy por aquí. ¿Es que no había otro mejor?

Elena dijo...

No haga caso a ese necio Sr. Anónimo, Sr. Nortub. Sus seguidores acreditados observamos con asombro que, además de compartir con nosotros su sugerente hotel-pinacoteca y de contagiarnos su entusiasmo por el arte, nos va a deleitar con sus antiguos relatos. Y, dejándonos llevar por un insaciable afán, nos preguntamos qué otras sorpresas podemos esperar de semejante hotel y semejante gerente.

Alex Nortub dijo...

Agradezco tus palabras, Elena. El Sr. Anónimo, aunque no las expone aquí, sus razones tendrá para opinar de esa manera. Bienvenido sea,de todos los comentarios aprende uno algo.

39escalones dijo...

Es un relato magnífico y la constatación, una vez más, de que el crimen no sale rentable.
Por otro lado, reto al señor Anónimo a que busque otro mejor o más adecuado, que se moje y sugiera algo a ver si tiene razón o nos podemos reír los demás.
Saludos.