lunes, 1 de diciembre de 2008

Entusiasmo

Un crítico admirando un cuadro de una noche oscura. Anónimo, siglo XVIII, grabado.
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Algún que otro huesped quizá se haya hecho alguna que otra pregunta sobre el gerente de este Hotel junto a la vía. ¿A que se dedicará el Sr. Nortub? ¿De qué vivirá? Pues saben bien que este hotelucho no da de comer ni al hombre más austero. Aunque hasta ahora lo he ocultado por muy diversas razones, contaré hoy, sin rubor alguno, que me dedico al noble arte de criticar. Vamos, que soy crítico de arte. Me pagan por criticar un día sí y otro también. Trabajo para distintas publicaciones, revistas y periódicos. También realizo prólogos para catálogos. Para catálogos de muestras organizadas por muy diferentes instituciones. Estos prólogos son textos que luego firman otros. Nunca llevan mi nombre. Los firma el político de turno o el presidente de la Fundación de turno. Me alegro de que nunca lleven mi nombre. Estos textos son de una correción política intachable. Textos asépticos. Textos en los huesos. Un esqueleto de palabras, eso es lo que son. Sin arterias. Sin entrañas. Sin carne. Sin piel. Sin vida. Pero me gusta mi trabajo. Me gusta el conjunto de mi trabajo, no el hecho de escribir textos en los huesos. Me gusta porque a menudo tengo que viajar. Viajar, perder museos. Visitar el IVAM en Valencia, el Prado en Madrid o el Guggenheim en Bilbao. A penas hay museos españoles que no haya visitado debido a mi trabajo. He visitado el MARCO en Vigo, el CAB en Burgos, el ARTIUM en Vitoria, el Centro Atlántico de Arte Moderno de Gran Canaria, el CENDEAC en Murcia, el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, el CGAC en Santiago de Compostela, el MUSAC en León... Es esta también la razón por la que he construído este hotel. Para huir de los textos en los huesos. Los textos que por aquí aparecen nada tienen que ver con esos prólogos desangelados, sin vida, en los huesos. O al menos eso pretendo, que nada tengan que ver con esos textos en los huesos, sin vida, desangelados. Conseguirlo es ya otra historia. Otra historia que, dure lo que dure, por mi parte será una historia repleta de ENTUSIASMO. Es lo único que me sobra.
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El crítico de arte, pintura de Norman Rockwell

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2 comentarios:

Elena dijo...

Querido señor Entusiasmo: Observamos con estupor y temblores que, en sus innumerables periplos dedicados a perder museos, no ha perdido ninguno de la tierra donde vive y trabaja. Y nos preguntamos a qué extraña razón debe obedecer este curioso fenómeno. Afectuosamente...

Alex Nortub dijo...

Me quedan demasiado a mano. No podría hablarse de viajar, perder museos, cuando llego a ellos en un tren de cercanías y con demasiada frecuencia, más de la que me gustaría. Pero, en Barcelona, suelo visitar el Centro d´Art Santa Mónica, el MACBA, , la Sala de la Fundación Caixa Catalunya situada en La Pedrera, la Fundació Joan Miró, la Fundació Antoni Tápies o el Museo Nacional d´Art de Catlunya, además de diversas galerías de arte que sería demasiado arduo enumerar.