domingo, 21 de diciembre de 2008

La estatua de una fuente del parque

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Jardines de Aranjuez, pintura de Santiago Rusiñol
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Me siento en un banco del parque. Observo a una anciana que pasea a un perrito con impermeable. No ha llovido en toda la mañana. Pero en la radio han dicho que en cualquier momento los grises nubarrones que hay sobre nuestra ciudad descargarán lluvias torrenciales con el consabido riesgo de inundaciones que esto conllevaría. Observo como el perrito con impermeable intenta rascarse. Seguro que alguna pulga le muerde con saña. Pero el impermeable, de plástico transparente, impide que el perrito se rasque a gusto. Veo que la anciana, sin impermeable pero con una bolsa de supermercado en su cabeza, tira de la correa sin darse cuenta del escozor que martiriza al animal. Entonces, junto a ella, pasa una mujer que tendrá, año arriba año abajo, la misma edad que yo. Una mujer que sin duda se ha equivocado de estación. Lleva una minifalda vaquera y una blusa verde remangada. Es una mujer por la que me siento atraído. Me alegro incluso de que se haya equivocado de estación, de que su cuerpo viva en un eterno estío. No tarda en pasar por delante de mí. Disimulo mirando al cielo pero los plomizos nubarrones son tan anodinos que no tardo en mirar de reojo el trasero de la mujer estival. Cuando pasa de largo ya no disimulo. La observo alejarse durante un par de minutos, hipnotizado por el ritmo de sus caderas e imaginando la forma de sus nalgas. Termina por desaparecer. Desvío la mirada de nuevo hacia la anciana y su perrito. Entonces, como si de un enorme flash se tratase, centellea un primer relámpago. No tarda en oírse un trueno. Comienzan a caer enormes gotas. Primero caen de manera dispersa. Al instante están por todas partes. La anciana coge a su perrito en brazos y corretea como puede hacia unos soportales.

Yo me mojo. Me mojo y no me importa mojarme. Me quedo sentado en el banco del parque. Elevo la cabeza como si fuese a mirar al cielo. Pero la lluvia, que cae con una fuerza sobrenatural, me impide abrir los ojos. Me impide abrir los ojos pero no me impide abrir la boca. La abro. Las gotas golpean con insistencia mi lengua. A veces, alguna, de rebote, pega en mi campanilla. Esto me gusta. Paso así unos minutos. Después escupo el agua acumulada haciendo un gracioso chorrito. Imagino que soy una estatua. La estatua de una fuente del parque.

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Bruce Nauman: Autorretrato en forma de fuente, fotografía en color, 49,8 x 59,7, 1966-1967/1970

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Bruce Nauman: studies for holograms, 1970

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6 comentarios:

Aldabra dijo...

vaya... leí tu nombre esta tarde dos veces en dos blogs diferentes y a la tercera va la vencida... y comienzo bien, un cuadro de hopper de cabecera... ya tenemos algo en común además de blogueros comunes... te invito a leer un post que hice de hopper el jueves, si te apetece.

bicos,

Pat Rizia dijo...

gracias, Alex, cómo, cómo me gusta tu blog. La noche del cazador es una de mis películas favoritas, la menciono en la novela que estoy escribiendo. Un beso y no dudes que volveré. Patro

39escalones dijo...

Fenomenal. Me recuerda La estatua del jardín botánico...
Saludos.

estibaliz... dijo...

Me preocupa el perro. Logró rascarse?

Álex Nortub dijo...

No. No lo logró. El perro murió poco después devorado por la pulga. No pasó de la tormenta. Lo siento mucho, Estíbaliz.

estibaliz... dijo...

En fin, una lástima.

Prefiero los gatos